La gente se desplomaba en las calles: rumor, cuerpo y poder. Reßexiones sobre la pandemia de COVID -19 en MŽxico y Ecuador Gintikunaka –ankunapi tukurinakurka: uyarikuna, aycha, ushaykunapash. MŽxicopi Ecuadorpipash, COVID -19 unkuykunamanta allikuta yuyarishpa People collapsed in the streets: rumor, body, and power. Reßections on the COVID -19 pandemic in Mexico and Ecuador Rosa InŽs Padilla YŽpez1 rpadilla@usfq.edu.ec ORCID: 0000-0002-2396-0667 Universidad San Francisco de Quito (Quito, Ecuador) Cita recomendada: Padilla, R. (2023). La gente se desplomaba en las calles: rumor, cuerpo y poder. Reßexiones sobre la pandemia de COVID -19 en MŽxico y Ecuador. Revista Sarance, (51), 127 -152. https:// doi.org/10.51306/ioasarance.051.07 Resumen Este art’culo reßexiona sobre los dilemas que atravesaron pa’ses como Ecuador y MŽxico durante la pandemia de COVID-19. En un escenario en donde era confuso saber el proceso de contagio y quŽ se deb’a hacer con los cuerpos enfermos y con los cuerpos muertos debido al virus, los rumores contribuyeron a crear p‡nico e inseguridad en los individuos que conforman una comunidad. M‡s aœn cuando se reportaban Òcad‡veres abandonados en las callesÓ. Adem‡s, se expone, a partir de los datos recolectados, las formas en las que el estado gener— un discurso en donde el cuerpo enfermo y muerto fueron los cuerpos de los que se sospecha, los Òenemigos pœblicosÓ de la ciudadan’a. Adem‡s, reßexiona sobre el papel crucial del cuerpo para entender el ritual funerario y las diversas formas de c—mo enfrentaron algunos pacientes y familiares la enfermedad y la muerte en aquel contexto carente de certezas. Palabras clave: ritual funerario; COVID-19; rumor; poder; sospecha. 1 Un agradecimiento especial a la Dra. Anne W. Johnson y al Mgter. Mart’n Torres quienes ayudaron a recopilar algunos de los datos de este art’culo. Revista Sarance, ISSN: 1390-9207; ISSNE: e-2661-6718 Fecha de recepci—n: 29/07/2023; fecha de aceptaci—n: 29/08/2023 127 Tukuyshuk Kay killkaypimi allikuta yuyarishpa willachin imasha MŽxico mamallaktapi, Ecuador mamallaktapipash COVID -19 unkuykunawan imasha llaki yallishkata. Ishkantin mamallaktakunapimi mana atinarishkanka imasha kay unkuy shukman shukman chimpay kallarishkata. Shina mana yachashka hawapash mana atinarishkanka imasha chay unkuy hapikpi hampirinata, shinallatak imasha wa–ushkakpi pampanata. Shina hawa, shuk shuk rimaykuna chayamushpa manchachimanra apan kashkanka. Shinami wakin nalliman willachikunaka ninahurka Ò–ankunapi unkuywan tukurishka sirinahukÓ nishpa uyarishkanka. Shinallatak rikurin, imasha estado kay uyarikunapilla markarishkanka ashatwan manllachinkapak katishkanka, chaymanta rikuchinkapak munashka kay unkuyta charikkunaka, kay unkuywan wa–ushkakunaka ÒmillaykunaÓ laya nishpa rikuchinkapak munashka. Shinami, kay killkaypika allikuta yuyarin imashatak chay unkuywan runakunaka kawsanahurka, imatak kan aycha, chaymanta hamutankapak imashatak chay unkuywan wa–ushkakunata pampana karka. Sinchilla shimikuna: wa–ushkakunata pampana; COVID-19 unkuy; uyarikuna; ushaykuna; shina yarikuna. Abstract This article reßects on the dilemmas faced by countries like Ecuador and Mexico during the COVID-19 pandemic. In a scenario in which how people became infected was still confusing, and what should be done with those sick with the virus and the dead bodies resulting therefrom, rumors contributed to create panic and insecurity for people within any given community. This was even more evident when reports surfaced about "corpses abandoned in the streets." The paper goes on, using data collected, to expose the ways in which the state generated a discourse in which the sick and dead dies were suspected as being the "public enemies" of the population. It also reßects on the crucial role of the body to understand the funeral ritual and the different ways in which some patients and relatives faced illness and death in that context lacking certainties. Keywords: funeral ritual; COVID-19; rumor; power; suspicion. Apertura Escuchar. Leer. Recibir. Enviar. Re-enviar. Compartir informaci—n es uno de los actos m‡s cotidianos y comunes del ser humano en estos tiempos. Durante los a–os 2020 y 2021, adem‡s, esta fue una de las actividades que se realizaron con m‡s frecuencia. El proceso de recepci—n de informaci—n se volvi— constante y continuo, como el lento transitar de un ouroboros: el Þnal marca el inicio y viceversa. Algunos testimonios del periodo narran: Òme met’ al internet para ver quŽ pod’amos darleÓ, Òen uno de los grupos le hab’an dicho que se tome agua de jengibreÓ, Ònosotros todos nos tomamos ivermectina porque un amigo me dijo que en Rusia todo el mundo se estaba tomando eso y que por eso no hab’a tantos muertos all‡Ó, Òa mi madre le llegaron cadenas en donde le dec’an de varios remedios caseros en contra del COVID, y como no sab’amos bien quŽ era, nos tomamos en la casaÓ. Estos son solo algunos de los muchos testimonios que se recopilaron durante los meses de octubre a diciembre del a–o 2021, tiempo en el que se realizaron, al menos, 12 entrevistas a personas que hab’an perdido un familiar por COVID-19 o que hab’an estado hospitalizados, tanto en Ecuador como en MŽxico. Este art’culo contrastar‡ y discutir‡ datos de ambos pa’ses porque fueron mi lugar de residencia: MŽxico en el 2020 y Ecuador desde el 2021. La reßexi—n que propongo parte de entender c—mo operan los rumores en la ciudadan’a general, c—mo determinan las formas de comprender nuestros entornos y c—mo marcan nuestra relaci—n con el estado y con los dem‡s. La pandemia de COVID-19 (sin contar con los posteriores paros nacionales) cre— el espacio perfecto de conßuencia y convergencia para que la ciudadan’a pueda ver el alcance del control y poder que mantiene el estado sobre sus cuerpos. Adem‡s, los a–os de conÞnamiento alteraron la relaci—n y comprensi—n general del cuerpo enfermo y del cuerpo muerto en la poblaci—n de ambos pa’ses. Rumor y sospecha Todos los informantes que se entrevistaron para este art’culo mencionaron algo acerca de su telŽfono celular y de c—mo recib’an o ped’an informaci—n. Al no estar normada o legislada la forma en que la informaci—n se extiende, se disemina o se ÒviralizaÓ, puede resultar un arma de doble Þlo, no solo por la descontextualizaci—n de la que es parte, sino tambiŽn por la nulidad de Þltros a la que se somete. Este es un art’culo que cuestiona estructuras, y una de ellas es el lenguaje, sus limitaciones y alcances. Si hablamos de lenguaje, necesariamente se deben pensar las nociones de emisi—n y recepci—n: c—mo las personas emiten sus mensajes y c—mo se reciben resulta un acto absolutamente subjetivo. Es decir, no solo depende de quiŽn lo env’a, el mensaje depende de los tonos y los contextos; y su recepci—n pasa por el mismo proceso. Charles S. Pierce (Austin, 1975) mostr— otra de las partes esenciales de este proceso de comunicaci—n: la praxis, es decir, c—mo el individuo actœa a partir de la recepci—n del mensaje, quŽ acciones ejecuta o c—mo se comporta luego de haberlo recibido; aquello que se denomina como performatividad del lenguaje. Cabe mencionar las naturalezas ilocutiva y perlocutiva del lenguaje (Austin, 1975), caracter’sticas que nos invitan a pensar en el c—mo se enuncia y en d—nde se menciona algo (lo contextual). El d—nde y el c—mo sirven para entender lo performativo del lenguaje y, sobre todo, para reßexionar sobre el reaccionar, comprender para provocar un efecto -esperado o condicionado- (Das, 2006). Esto œltimo es esencial para empezar a pensar en el rumor y de la necesidad irrefrenable que tenemos de transmitirlo (Bhabha, 1995; Das, 2006; Vargas, 2011). En este contexto, pensemos en el rumor y en c—mo se genera y difunde un tipo de mensaje espec’Þco. Un rumor es dœctil, vol‡til, circula y se esparce. Se puede mantener ßotando en la esfera pœblica durante tiempos indeterminados. Adem‡s, goza de una difusi—n extendida, es ambigŸo, casi irrefrenable. El rumor es un mensaje descontextualizado, que provoca situaciones de desinformaci—n e incomprensi—n, lo que lleva a la sospecha y a la duda de quien lo recibe. Por œltimo, y, no menos importante, nadie sabe c—mo empieza, no hay autor del rumor, aquŽl cuenta con total anonimato, lo que aumenta su potencial para generar malos entendidos, p‡nico o crisis. (Neubauer, 1999; Das, 2006; Vargas, 2011) Varios autores han tratado de deÞnir el rumor: es informaci—n no veriÞcada, sin fundamento, mensajes distorsionados o descontextualizados. (Allport y Postman, 1953; Sojo, 1993; Vargas, 2011). Es un mensaje enunciado en el espacio de lo secreto, lo escondido, lo indeterminado. El rumor es un susurro, informaci—n que se lanza en la oscuridad y que est‡ destinada a generar o performar. El rumor, como se ha visto en casos de crisis (como la pandemia de COVID), tiene connotaciones ambiguas -vol‡tiles y peligrosas-ya que, si bien la intencionalidad del emisor pudo no ser la de crear un escenario de p‡nico, no se puede negar que han sido pocos los casos en los que los extensos y extendidos rumores no generaron p‡nico o sospecha en la poblaci—n2. En La regi—n del rumor, Veena Das (2006) nos hace pensar en los alcances del lenguaje y en su capacidad y poder de representar. Das trabaja uno de los escenarios 2 Vena Das menciona sobre los escenarios de p‡nico y rumor que: aun cuando el p‡nico parece ser un efecto que acompa–a los rumores en momentos de perturbaci—n, vacilo en suponer que todos los rumores estŽn acompa–ados de p‡nico. Es œtil distinguir entre rumor y chisme. Las teor’as m‡s tempranas sobre el chisme destacaban su funci—n en el mantenimiento de la unidad del grupo mediante la provisi—n de est‡ndares informales de evaluaci—n y control (É). Otros antrop—logos est‡n m‡s interesados en ver c—mo el chisme proporciona medios para que los individuos manipulen las reglas sociales y valoren cu‡les son los l’mites hasta los cuales pueden negociarse las normas culturales (2006, p. 113) m‡s conßictivos y complejos, hist—ricamente hablando: la muerte de la pol’tica Indira Gandhi en 1984 a manos de sus guardias de seguridad. Para la autora es necesario entender c—mo un rumor tiene la posibilidad de hacer que cosas sucedan: ÒNo estoy diciendo que el lenguaje en s’ tuviera el poder de hacer que pasaran estos acontecimientos a partir de la nada, sino que memorias que pod’an no haberse despertado cobraron vida en forma de rumores. Entrelazadas con las historias locales de conßicto, esos rumores fueron una parte inseparable de las escenas de violencia local devastadoraÓ (2006, p. 97) En efecto, la muerte de Gandhi desat— un episodio lleno de violencia y p‡nico generalizado. Si bien las situaciones de violencia y conßicto fueron m‡s simb—licas en el contexto que estamos abordando, la naturaleza de los hechos hizo que los rumores se vuelvan ÒrealesÓ, contribuyendo a la construcci—n de un ambiente de p‡nico, desconÞanza y temor; volviendo intraducible una situaci—n ya de por s’ compleja y dif’cil de entender. Hubo varias caracter’sticas que se repitieron y variables que estuvieron presentes en otros tipos de crisis. Por ejemplo, el p‡nico generalizado en la poblaci—n por falta y exceso de informaci—n, la aparici—n de rumores de distintas fuentes que acrecentaban la sensaci—n de p‡nico, y la desconÞanza tanto a instituciones gubernamentales como a medios de comunicaci—n. Esto œltimo hizo que, adem‡s, se creara un ambiente de vulnerabilidad, lo que permiti— el desarrollo de un margen de acciones de los sujetos que parec’a estar fuera de control de las autoridades (2006, p. 114). Los rumores tienen un potencial determinado en las crisis y en momentos globalizados como los que vivimos, ya que se pueden volver contenidos virulentos y peligrosos. Adem‡s, su caracter’stica de inmediatez hace que su difusi—n tenga una naturaleza descontrolada y masiva. Los rumores estuvieron presentes en varias etapas de la pandemia, pasaron y saltaron fronteras, se diseminaron de forma acelerada y vertiginosa: Una breve digresi—n para esbozar los contornos de esta diferencia puede ser œtil, sobre todo para indicar los contextos sociales en los cuales el rumor puede desempe–ar una funci—n cr’tica, as’ como aquellos en los cuales crea condiciones para la circulaci—n del odio. Al menos, mi concepci—n de la funci—n del rumor sugiere que es imposible desarrollar una teor’a satisfactoria del rumor independientemente de las formas de vida (o formas de muerte) en las cuales est‡ inmerso (Das, 2006, p. 114). Esto œltimo resulta esclarecedor porque es en las crisis en donde la vida se ve en peligro; en donde las concepciones, representaciones e imaginarios sobre las formas de vida cambian de forma contundente, creando un ambiente plagado de zonas grises en donde la interacci—n forja su base en la salvaci—n o la supervivencia. Como se–ala Homi Bhabha: ÒLa indeterminaci—n del rumor ÑdiceÑ es la que le da su importancia como discurso social. Su adhesi—n intersubjetiva, comunitaria, descansa en su aspecto enunciativo. Su poder performativo de circulaci—n da como resultado su difusi—n continua, un impulso casi incontrolable de transmitirlo a otra personaÓ (Bhabha, 1995, p. 201). Si llevamos esto a la situaci—n de la pandemia Ñe incluso a la situaci—n actualÑ podemos entender que los rumores jugaron un papel determinante en las formas de comprender, reßexionar y encarar la enfermedad: la cual puede verse como Òemocional, caprichosa, temperamental y superÞcialÓ, que son las caracter’sticas que le otorgar‡ la psicolog’a de masas al rumor (Das, 2006, p. 116). Otra de las caracter’sticas que menciona Das, reÞriŽndose a las capacidades perlocutivas (Austin, 1975), es la capacidad perlocucionaria de los rumores, es decir, su Òcapacidad de hacer algo cuando se enunciaÓ (2006, p. 117). Esto no solo vuelve factible que las palabras pasen a ser transformadas en acciones visibles Ña veces violentasÑ, sino tambiŽn que, muchas personas usen estas palabras como armas contra s’ mismas, como tomar remedios caseros, no recibir indicaciones, no acatar cuidados recomendados, no acudir a un centro de salud o no llamar a las autoridades al albergar un cad‡ver. Para Das, el rumor en situaciones de crisis se Òconcibe para ser difundidoÓ y que su difusi—n y recepci—n, y posterior praxis, muestran su potencial de transformaci—n Ñyo me atrever’a a aumentar el de tergiversaci—nÑ: ÒEl lenguaje, en lugar de ser solo un medio de comunicaci—n, se convierte en algo comunicable, infeccioso, que hace que las cosas sucedan casi como si hubiesen sucedido en la naturalezaÓ (2006, p. 118). Con la misma naturalidad que nos llegan, los mensajes son transformados en acciones que, en ocasiones, tienen consecuencias graves, como la muerte o el contagio extendido. Esto œltimo es algo sobre lo que debe reßexionarse. En situaciones de p‡nico en las que se promueve el caos Ñen gran o peque–a medidaÑ, hay que distinguir lo que realmente pas— y lo que no. Veena Das menciona al respecto: ÒLa diÞcultad de trazar distinciones radicales entre lo que ocurri— (el hecho bruto) y lo que presuntamente sucedi— (el hecho imaginado), es que tales distinciones solo pueden verse con claridad una vez ocurrido el evento. Las regiones de la imaginaci—n a las que se vinculan las pretensiones acerca de lo real var’an muchoÓ (2006, p. 123). En el caso tratado por Das se menciona que, debido a la gran cantidad de informaci—n compartida, incluso las personas ÒeducadasÓ ve’an complicado el decidir Òsi era m‡s sabio creer en los rumores o en las versiones oÞciales de los acontecimientosÓ (êbid, p. 124). En el caso mexicano, por ejemplo, se puede ver el funcionamiento del rumor en c—mo la gente interpretaba las diarias cadenas en donde se informaba sobre la pandemia. Uno de los trabajadores de funerarias que se logr— entrevistar mencion— que Òde repente todos nos volvimos expertos en estad’stica y curvas. Que si la curva crece, que la curva se aplana. Mi mam‡ hablaba como experta con todo el mundo y a su vez todo el mundo opinaba, lo que hac’a que crezca la desinformaci—nÓ (Oscar3). ! Este recorrido sirve para entender c—mo operan los rumores en situaciones de crisis; sirve, adem‡s, para comprender c—mo el mundo de lo simb—lico se traslapa con el plano real y c—mo, a partir del rumor en este mundo alterado, se provoc— una abyecci—n del cuerpo enfermo y muerto; adem‡s de una profunda sospecha sobre el estado y sus instituciones. Asimismo, se cre— un ecosistema favorable para que la violencia simb—lica estatal e institucional puedan ejercerse de forma categ—rica en varios aspectos de la vida cotidiana, no solo a travŽs de nuevos tr‡mites y procesos, sino tambiŽn a partir de un desplazamiento de los apegos afectivos y f’sicos sobre los enfermos y muertos. ÒMi abuelita no muri— de COVID y tuvimos que esperar varias horas hasta que vengan a retirar a mi abuelita porque los servicios estaban colapsados. Varias veces nos preguntaron si est‡bamos seguros de que no fue COVID de lo que se muri— para venirÓ (Irma). ÒNo nos dejaban entrar y el guardia nos dijo que le traigamos la ropa m‡s vieja porque todo estaban quemando all‡ adentro, y que, si se llega a morir, esa ropa se quema o desaparece, porque ya tiene el virus. Adem‡s, nos cobraron 4 000 USD la ropa de camaÓ (Regina). Estos peque–os fragmentos de entrevistas realizadas a personas que perdieron a familiares cercanos con COVID-19 o que estuvieron hospitalizadas, se–alan varias cosas: la desinformaci—n fue uno de los factores que m‡s ayud— a crear p‡nico en la poblaci—n, ya de por s’ asustada, y que no sab’a bien quŽ ocurr’a en los hospitales o en la calle. Adem‡s, en pa’ses como Ecuador, los toques de queda y los estados de excepci—n ayudaron a crear un clima propicio para la desinformaci—n y el miedo. Esto œltimo se puede ver en algunos casos en los que las personas callaron sobre la enfermedad, o sobre haber tenido algœn tipo de contacto con algœn contagiado, para no despertar alarmas en su entorno. ÒMi pap‡ estaba seguro que no ten’a COVID porque su esposa que hab’a estudiado medicina le asegur— que era solo un resfr’o. No quer’an hacerse la prueba para no asustar en el ediÞcio o a los amigosÓ (Jero). ÒLas ambulancias no quer’an venir, nosotros no pod’amos salir por el miedo que nos daba y por el toque de queda. Al Þnal, un taxi le llev— a mi primo al hospital y ah’ muri— solo, porque no pudieron atenderle r‡pido y fue muy tardeÓ(Marco). Todos los nombres de los informantes se han modiÞcado, respetando su pedido de anonimato. Varias de las preguntas que se hicieron a las y los entrevistados giraron alrededor de los nœmeros y cu‡n seguros se sent’an de las cifras o de las normas que expidieron sus respectivos estados. Estas preguntas mostraron que el miedo, la sospecha y el rumor fueron fundamentales para crear un clima enrarecido durante los meses m‡s duros de la pandemia: un clima en el que ni la fantasmagor’a de la estad’stica pudo lograr que la gente tenga conÞanza o sepa con claridad quŽ reglas seguir o c—mo actuar ante la enfermedad o una emergencia, peor todav’a sobre la muerte.! Las cifras y los nœmeros Sospechar se volvi— la condici—n natural en la pandemia. Sospechar del Estado, del vecino, del familiar que estornuda, de la informaci—n vertida en los medios, de las cadenas en donde mandatarios o autoridades informaban sobre la situaci—n. Un escenario de sospecha es un caldo de cultivo para la circulaci—n de toda clase de rumores, mensajes distorsionados, manipulados o, de plano, falsos. La pregunta que gu’a este apartado es c—mo opera la sospecha y la informaci—n ambigua en situaciones de crisis y cu‡l es el papel del Estado y de sus formas de transmitir informaci—n para acrecentar o encender m‡s la llama del p‡nico alrededor del contagio y de la muerte. El Estado moderno se construy— a partir de pr‡cticas escritas, de lo ÒlegibleÓ, aquello que se puede contar, enumerar y catalogar. La instrumentalizaci—n y la tecniÞcaci—n, como dir’a Foucault (2007), fue lo que deÞni— al Estado moderno. De igual manera, autores como Das y Poole (2004), Asad (2004), Gupta (2006) y Stepputat (2014) mencionan que fueron las pr‡cticas documentales y estad’sticas las que manifestaron y pusieron en pr‡ctica el control del Estado dentro de sus fronteras, sean poblaciones o territorios. La documentaci—n ha sido tambiŽn una parte de la ÇlegibilidadÈ, esa producci—n de leyes y mapas; el desglose de sus procesos es lo que se conoce como los Òinstrumentos de control del EstadoÓ. En el caso mexicano, por ejemplo, la estad’stica fue fundamental para ÒevitarÓ el descontrol de la poblaci—n y tambiŽn para la toma de medidas. A partir de una cadena diaria en donde se hablaba de las cifras, la poblaci—n ten’a la idea de que el estado mexicano Òse estaba haciendo cargo de la situaci—nÓ. Como menciona Talal Asad, la estad’stica ha contribuido a que la poblaci—n crea que el Estado lo sabe y lo maneja todo:ÒSegœn esta concepci—n, el estado domina y deÞende a la comunidad, ordena y nutre su vida civil. El estado, independientemente del conjunto de la poblaci—n, encarna la soberan’aÓ (2004, p. 55). En el caso ecuatoriano, por el contrario, las cifras no se compart’an diariamente y parec’an falsas, manipuladas, lejanas a la realidad, en donde Òla gente se desplomaba en las callesÓ4. 4 Varias veces, en conversaciones aleatorias, la gente repite esta frase. Puede que no haya pasado, sin embargo, el imaginario y el rumor de gente desplom‡ndose y muriendo en las veredas est‡ ya instalado y aceptado. Con la creaci—n de procedimientos enfocados en el orden, enumeraci—n y control, el Estado empez— a visibilizar a sus ciudadanos, a dar cuenta de ellos y a establecer —rdenes y jerarqu’as. Esta es una de las razones por las que es necesario entender el cu‡ndo y el c—mo se dan las cifras cuando sucede algo extraordinario, como una pandemia. Gupta (2006) y Asad (2004) mencionan que los estados tienen la necesidad de probar que eran parte del sistema moderno occidental y que pod’an adaptarse a las necesidades y capacidades del mismo, sin saber que estaban condenados desde su nacimiento a no poder cumplir con las aspiraciones de las clases dominantes y burguesas que so–aban con ser ejemplos del Primer Mundo. Esto se puede evidenciar, tanto en Ecuador como en MŽxico, en donde a pesar de respetar y seguir las recomendaciones de la OMS, la poca organizaci—n a nivel estructural en sus sistemas de gobierno (salud, educaci—n, econom’a y gobierno) dio como resultado una crisis en sus aparatos de salud y econom’a, principalmente. Es decir, no solo los hospitales estuvieron varias veces saturados, sino que tambiŽn la pobreza abri— una brecha que dif’cilmente lograr‡ subsanarse. No solo hubo m‡s muertos, tambiŽn hubo m‡s pobres.! Por su parte, Stepputat (2014) menciona que en el caso espec’Þco de los muertos y de las cifras que gestionan los estados, Òa medida que los estados poscoloniales se consolidaron hacia Þnes del siglo XIX, a menudo se hicieron cargo solo de la gesti—n de los cad‡veres (y del registro del nacimiento y la muerte)Ó (p. 19). Esto ayud— a que solo el Estado tenga la Òvoz oÞcialÓ para contar cu‡ntos nacen y cu‡ntos mueren y bajo quŽ condiciones. Estos procesos de lectura resultan determinantes ya que muestran no s—lo ÒC—mo el estado torna a la poblaci—n legible para s’, sino m‡s bien c—mo estos documentos se encarnan en formas de vida a travŽs de las cuales ciertas ideas de sujetos y ciudadanos empiezan a circular entre aquellos que utilizan estos documentosÓ (Das y Poole, 2004, p. 31). Los documentos, sin embargo, tambiŽn pueden jugar una mala pasada en per’odos de crisis. Por ejemplo, en Ecuador, varios cad‡veres fueron accidentalmente mal etiquetados, por consiguiente, sus cenizas se entregaron de forma err—nea5. En Ciudad de MŽxico, en el peor pico de la pandemia (enero 2021), solo una oÞcina del Registro Civil estuvo abierta, por lo que Òhubo gente que hizo Þla desde las 5am para que le den sus certiÞcados, lo que provocaba m‡s caosÓ (Oscar). Vena Das (2016) menciona, adem‡s, que son las formas de vida y de muerte las que importan, el c—mo se reßejan y c—mo se cuentan, no solo a nivel numŽrico, sino tambiŽn a nivel narrativo. Al no saber cu‡ntos y quiŽnes son los muertos, cu‡ntos y c—mo llegan los enfermos y los muertos, el rumor empez— a fraguar un escenario propicio para el p‡nico y el miedo. Asimismo, la sospecha por el mal https://www.periodistassincadenas.org/exhumaciones-ecuador-covid/ Consultado: 28/10/2021 manejo, la desconÞanza y la poca credibilidad del estado ayudaron a terminar de construir un panorama poco alentador, m‡s todav’a para las personas que, por algœn motivo, no pod’an acceder a uno u otro servicio. Segœn entrevista mantenida con Oscar, miembro de la Asociaci—n de Funerarias de la Ciudad de MŽxico, fueron los rumores los que ayudaron a que las funerarias hagan su agosto: Òf’jate que ninguno perdi—, es m‡s, te puedo decir que, al menos en el c’rculo urbano, abrieron no 1 o dos funerarias en barrios perifŽricos, tenemos datos que son alrededor de 2000 funerariasÓ. Al cuestionarle si las nuevas funerarias cumplen con los requisitos establecidos en la ley, dijo: Òpues tœ quŽ crees, la gente solo quer’a que alguien se haga cargo de su muerto y de los tr‡mites. Incluso, en algœn punto hubo una escasez de ataœdes de metal, porque todo el ox’geno lo estaban usando en tanques para la medicina y porque los trabajadores empezaron a caer enfermos. Con la falta de insumos, con las funerarias abarrotadas, la informalidad hizo su agostoÓ (Oscar). ! Asimismo, algunos de los entrevistados mencionaron: ÒA mi papa le aceptaron en una cl’nica privada porque su esposa ten’a contactos en el IESS, era director o algo as’, por eso le recibieron, porque no hab’a camasÓ (Jero) ÒNosotros porque tenemos las posibilidades y me pude ir hospitalizar en el Metropolitano en donde hab’a un ‡rea de COVID, no me imagino la pobre gente que tuvo que ir a hacer Þla para que le den un turnoÓ (Dayana) ÒNosotros le llevamos a mi abuelito al AXXIS, pero nos quer’an cobrar 25 000 USD por el ingreso. No pod’amos pagar eso. As’ que decidimos llevarle a la Cl’nica San Bartolo, que tambiŽn es privada, pero en donde hab’a una cama disponible en emergencias, ni siquiera en el ‡rea de COVIDÓ (Antonio) ÒFue por un amigo de los Estados Unidos, a quien ped’ ayuda, que me abrieron una cama en Morelia. Recib’ una llamada de la Ciudad de MŽxico en donde me dijeron que me iban a abrir una cama y que era un hospital nuevo, inaugurado recientemente y que ten’a un ‡rea COVID, que ah’ pod’a llevar a mi hermano. QuiŽn sabe con quiŽn habl— mi amigo o cu‡l era el contactoÓ (Emilio). La falta de camas, la poca informaci—n sobre a d—nde ir y el sobreprecio de ciertos hospitales y funerarias fueron factores que hicieron m‡s evidente el abandono por parte de los estados en cuesti—n. No solo est‡ la falta de camas y la saturaci—n, est‡ la confusi—n de cad‡veres y la poca preocupaci—n de quŽ puede ocasionar la toma de malas decisiones. Uno de los casos m‡s sonados en Ecuador fue el uso de ataœdes de cart—n en la ciudad de Guayaquil, lo que provoc— una indignaci—n generalizada6. Segœn Oscar, en la Ciudad de MŽxico tambiŽn se usaron ataœdes de cart—n prensado, por la misma falta de ataœdes met‡licos (que son, adem‡s, los m‡s baratos), sin embargo, estos ataœdes solamente fueron usados en caso de cremaci—n. ÒTambiŽn es que las personas que mor’an, o su gran mayor’a, pesaban m‡s de 90 kilos, lo que obvio diÞcult—, incluso, el trabajo de los hornos que estuvieron al borde del colapso. Enfermos o desesperados, ese era el estado de la poblaci—n en generalÓ.! El rumor sobre lo que ocasiona el COVID-19, la poca o la sobreinformaci—n alrededor de la cantidad de enfermos o de muertos volvi— la situaci—n aœn m‡s compleja para algunos. ÒNosotros no sab’amos bien quŽ hacer, por eso solo llamamos al 9117 para que ellos nos digan quŽ hacer con el cad‡ver de mi abuelitaÓ (Irma). ÒPor suerte uno de mis abuelitos era amigo de un se–or que ten’a una funeraria, que nos dijo que ten’amos que hacer, porque la verdad es que nadie ten’a idea de c—mo empezar o quŽ tr‡mites hacerÓ (Marco). ÒLa esposa de mi pap‡ ten’a un conocido o un pariente que era directivo en el IESS, Žl nos dijo lo que deb’amos hacer en la funeraria y c—mo no pagar m‡s. Nosotros no sab’amos bien quŽ hacer, ni d—nde le iban a cremar, ni nadaÓ (Jero). ÒPor suerte mi hermano se hizo cargo de todo el tr‡mite, mi mami quer’a que le entierren, pero como no hubo c—mo, le cremaron y luego mi hermano enterr— las cenizas. Yo pude ir a ver su tumba luego, como unos tres meses despuŽs. Yo sŽ de gente que no se acuerda o no sabe bien quŽ pas— con sus parientes o sus amigosÓ (Regina). Si bien la pandemia ya tra’a problemas para los estados sobre el manejo de los cuerpos tanto enfermos como muertos; hay que agregarle que una gran parte de la poblaci—n (en ambos pa’ses) no tiene idea de quŽ tr‡mites hacer cuando una persona muere. Esta cantidad de tr‡mites, la mayor parte ilegibles para los ciudadanos, ha sido una de las razones por las que las empresas funerarias se han expandido considerablemente en los œltimos a–os, consolid‡ndose, al menos en el caso mexicano, como una industria fuerte y en expansi—n: ÒPues no me equivoco en decir que nosotros en tres meses ganamos lo que en un a–o, ha sido tan bueno el a–o que ya compramos un nuevo horno crematorio. Nadie que haya abierto una funeraria perdi—, o al menos, recuper— la inversi—nÓ (Oscar). En el caso ecuatoriano, la industria funeraria parece estar en proceso de volverse m‡s lucrativa y duradera. Nuevas y modernas funerarias han aparecido no solo en la ciudad de Quito y Guayaquil, sino que tambiŽn empiezan a verse sucesos 6 https://www.dw.com/es/guayaquil-alista-ataœdes-de-cart—n-para-las-v%C3%ADctimas-de-la.pandemia/a-53020638, consulted 28/10/2021. 7 Servicio Nacional de Emergencias de Ecuador que antes se hab’an observado en MŽxico, como la pelea por cad‡veres en las afueras de hospitales: la oferta y la demanda, elemento constitutivo para que una industria se establezca.! Simult‡neamente, es importante contemplar a quiŽnes son los que pueden estar en el medio, los que no, los que se saltan los tr‡mites, los que pueden enterrarse, los que desaparecen, los que pudieron atenderse, los que sab’an las reglas, los que pod’an acceder a las camas para entender c—mo, incluso en una pandemia, la muerte es discrecional: ataca siempre a los que viven en un margen, ya que ellos no representan cifras que se quieran sacar a la luz por completo. En Ecuador, por ejemplo, hay aœn celo y silencio estatal alrededor de las verdaderas cifras del COVID-19, sobre todo durante los meses duros de la pandemia, en donde las fotograf’as de muertos abandonados en las calles o incendiados en la v’a pœblica recorrieron el mundo entero. Sin embargo, el estado ecuatoriano no habla y no quiere que se hable sobre eso. El silencio extendido, sistem‡tico y estructural que se vivi— durante y despuŽs de la pandemia de COVID-19, en el caso ecuatoriano, de debi— a la falta de claridad al establecer cifras reales y c—mo interpretarlas o c—mo deb’an ser le’das por sus ciudadanos. Una clave para entender cu‡l es la din‡mica del Estado es que las personas tienen poco o casi nulo conocimiento acerca de los tr‡mites y procesos que se deben seguir tras la muerte de una persona, algo que se volvi— comœn, al menos durante marzo de 2020. Tampoco existe claridad sobre la interpretaci—n de cifras o probabilidades estad’sticas. Por ejemplo: muchas de las muertes ocurridas en Ecuador no fueron especiÞcadas, es decir, fueron clasiÞcadas como ÒprobablesÓ por la falta de pruebas que exist’a dentro del pa’s. La probabilidad, adem‡s, acarreaba m‡s temor, menos control y el incremento constante de los rumores y de la constante sospecha ante un estado sobrepasado por el virus8. ! En los inicios de la pandemia, hubo varios tipos de fuentes de informaci—n que convergieron en el discurso pœblico. Tanto datos oÞciales como rumores se permearon dentro de lo que se percib’a como cierto. Dada la forma sorpresiva en la que la pandemia se extendi— por el mundo, los datos disponibles en cada pa’s no fueron precisos desde un inicio. En gran parte, esto se debi— a que las fuentes presentaban datos redundantes o incompletos, pero tambiŽn a los intereses pol’ticos que la muerte y la enfermedad desencadenan. Con el paso de los d’as, las cifras chocaron con distintas versiones y narrativas que circulaban en plataformas virtuales de comunicaci—n. Las redes sociales y los servicios de mensajer’a se llenaron de informaci—n contradictoria y esto no demor— 8 https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52219012 Consultado: 21/10/2021 en trasladarse tambiŽn a los medios tradicionales. Al habitar los d’as de la pandemia, la incertidumbre generalizada multiplicaba las versiones de los hechos cada d’a, de forma cotidiana: lo que un d’a era cierto, al siguiente era un bulo y al siguiente pod’a volver a presentarse como cierto en las noticias. Las fuentes de informaci—n acerca de la pandemia rara vez estaban sincronizadas en lo que mostraban. En Ecuador y MŽxico, las medidas que se tomaron alrededor de la enfermedad fueron similares, pero sus matices determinaron c—mo percibi— y lidi— la poblaci—n con la diversidad y ambivalencia de las fuentes. Para el 1 de mayo de 2020, el gobierno de Ecuador contabilizaba 1 603 muertes a causa del COVID 19 y 1 606 probables. Sin embargo, exist’an discrepancias alrededor de dichas cifras y el exceso de fallecidos en el Registro Civil que, segœn datos del diario El Universo, ascend’a a 11 9399. El portal Primicias, el 6 de mayo10, tambiŽn recogi— inconsistencias entre las cifras entregadas el 1 de mayo (31 881 contagiados) y el 4 del mismo mes (29 420 contagiados). Para el 7 de mayo, Agencia EFE recog’a las siguientes cifras del Ministerio de Salud Pœblica: 1 654 fallecidos y 30 298 contagiados. Durante el desarrollo de la pandemia, las cifras no pod’an ser uniÞcadas o comprobadas con certeza dado que hab’a dos tipos de registro: uno con pruebas realizadas y otro con estimaciones basadas en cuadros sintomatol—gicos. En el segundo caso, hay que mencionar que no se tuvo en cuenta a los pacientes que eran registrados con Òpneumon’a at’picaÓ, por lo que cualquier cifra de los fallecidos totales, en este punto, siempre ser‡ una conjetura estad’stica. La p‡gina del Observatorio Social del Ecuador informa que esa ambigŸedad en las cifras se manej— desde el 30 de marzo hasta el 5 de septiembre del 2020 y que, en julio de 2021, se actualiz— las cifras de 2020 al cruzar datos con el Registro Civil11. En MŽxico, como ya se hab’a mencionado, la informaci—n oÞcial se socializ— mediante una campa–a medi‡tica que inclu’a conferencias diarias para explicar a la poblaci—n c—mo se contabilizaban los casos de contagios y muertes por COVID-19, as’ como conceptos b‡sicos de estad’stica e epidemiolog’a. Contrario a la medida de conÞnamiento obligatorio tomada en Ecuador, MŽxico opt— por la campa–a ÒQuŽdate en CasaÓ12 que inclu’a un sistema de semaforizaci—n dise–ado para no cerrar por completo la econom’a del pa’s: el rojo 9 https://www.eluniverso.com/noticias/2020/05/01/nota/7828881/gobierno-ecuador-no-hay. inconsistencias-muertes-coronavirus/, consultado28/10/2021 10 https://www.primicias.ec/noticias/sociedad/coronavirus-ecuador-6-mayo/, consulted 28/10/2021 11 https://www.covid19ecuador.org/fallecidos, consultado 28/12/2021. 12 https://www.gob.mx/aem/articulos/quedate-en-casa-si-te-proteges-tu-proteges-a-tu-familia-y-a-los. demas?idiom=es Consultado 28/12/2021. signiÞcaba que no pod’as salir de casa a menos que sea absolutamente necesario, el naranja alud’a a una movilidad reducida y el amarillo que espacios sociales y de sustento econ—mico pod’an tener un l’mite de capacidad del 75% y el verde signiÞcaba el regreso a la normalidad. En el art’culo ÒLa pandemia de coronavirus SARS-COV-2 (COVID-19): situaci—n actual e implicaciones para MŽxicoÓ (Escudero et al, 2020) se menciona que el primer caso de contagio se detecta en febrero; para el 24 de marzo hay 475 contagios reportados y se entra en la Fase 2 de contingencia sanitaria; para el 21 de abril se declara la Fase 3 y para el 14 de mayo del mismo a–o se reportan 40 186 casos conÞrmados y 4 220 fallecidos. A pesar de que existe m‡s informaci—n estad’stica alrededor del impacto de la enfermedad que en otros pa’ses, tambiŽn aparecieron inconsistencias en las cifras. En un reportaje del 8 de mayo, The New York Times13 inform— que los mŽdicos de Ciudad de MŽxico estaban en desacuerdo con las cifras presentadas por el gobierno (las cifras reales ser’an, al menos, tres veces superiores a lo reportado) y que se lo informaron a la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum. Dadas las circunstancias pol’ticas, estas discrepancias se llevaron de forma discreta y el enfoque se puso en el modelo de pruebas realizadas: solo 0,4 de cada mil personas se realizaban una prueba, lo cual ser’a una de las causas de dicha incongruencia. Debido a la magnitud poblacional del pa’s, para ese entonces se reportaba un rezago de aproximadamente dos semanas en los datos disponibles. Para el 5 de junio de 2020, el portal France 2414 establec’a las cifras de contagio sobre los 100 000 casos y las 11 000 muertes. Adem‡s, recog’a las declaraciones del presidente AndrŽs Manuel L—pez Obrador, quien explicaba que parec’an haber Òdomado la pandemiaÓ. Cerca de un mes m‡s tarde, el 10 de julio, las inconsistencias en las cifras continuaron. La publicaci—n de la Organizaci—n Editorial Mexicana El Sol de MŽxico15 report— 289 174 casos de COVID-19 y 34 191 muertes, as’ como la suspensi—n del sistema de semaforizaci—n por desfases en los datos. La Organizaci—n Panamericana de la Salud inform— el mismo d’a que las cifras ten’an una diferencia de aproximadamente 75 000 casos16. El 5 octubre de 2020 se cambia el mŽtodo de registro de casos, lo cual permite incorporar datos rezagados y, para el 25 de ese mismo mes, diario Agencia EFE report— un exceso de mortalidad de 36,8% respecto al a–o anterior: 193 170 muertes. A pesar de las advertencias de posibles rebrotes 13 https://www.nytimes.com/es/2020/05/08/espanol/america-latina/mexico-coronavirus.html, consultado 25/10/2021. 14 https://www.france24.com/es/20200605-avanza-desconÞnamiento-latinoam%C3%A9rica-tropiezos. medidas, consultado 28/10/2021. 15 https://www.elsoldemexico.com.mx/mexico/sociedad/salud-suspende-semaforo-covid-19-por. inconsistencias-de-estados-5478604.html, consultado28/10/2021 16 https://www.paho.org/es/noticias/10-7-2020-mexico-se-encuentra-situacion-extremadamente. compleja-por-pandemia-covid-19-dice, consultado 28/10/2021. del subsecretario de Salud Hugo L—pez-Gatell, el presidente AndrŽs Manuel L—pez Obrador repiti— que Òya se ve la luz al Þnal del tœnelÓ. Este tipo de declaraciones deja ver el papel pol’tico que la enfermedad juega en el complejo entramado de los estados. La soberan’a se ve en este tipo de pr‡cticas, en el cotidiano de tr‡mites burocr‡ticos, instituciones, corrupci—n y negocios el que domina el escenario comœn de lo que es la muerte de una persona. Cada muerte es un potencial caso para observar c—mo se juegan los poderes y la pol’tica; es decir, cada uno de nosotros puede ser un instrumento para ejercer o mostrar el despliegue de la soberan’a de un Estado. La soberan’a ser‡, entonces, la forma particular de c—mo el poder y la pol’tica del Estado se aplican sobre los cuerpos, c—mo generan, realizan y reclaman sus propias pr‡cticas en el cotidiano de la muerte de una ciudad (Stepputat, 2014). La idea de cuestionar el concepto de Estado y de establecer como punto de partida las pr‡cticas y condiciones bajo las cu‡les se maneja el Estado, est‡ presente en Akhil Gupta (2006): Çdebemos dejar abierta la pregunta anal’tica sobre las condiciones bajo las cuales el estado opera como un todo coherente y unitarioÈ (p. 64). Deber‡n reconocerse, entonces, las mœltiples negociaciones, agendas, niveles, periferias y centros para hacer un an‡lisis pormenorizado17. El autor propone centrar la atenci—n no solamente en las estructuras y funciones de lo pol’tico o del poder, sino m‡s bien en c—mo se mantienen d’a a d’a y c—mo estas construcciones se dan a nivel de funcionarios, esferas de poder y ciudadan’a en general. Hay que entender c—mo se construye el Estado a partir de los medios de comunicaci—n, los que logran que se haga palpable para la mayor parte de los ciudadanos que forman parte de Žl. La imagen que tenemos del estado es, en gran parte, dada por lo que se nos transmite de forma constante en los medios de comunicaci—n tradicionales y no tradicionales Ñredes sociales, por ejemploÑ. La esfera pœblica, por tanto, no puede dejar de analizarse sin la conßuencia del Estado, la din‡mica econ—mica de ciertas empresas de servicios funerarios, y lo que se dice de ambas partes en los medios de comunicaci—n18. Durante la pandemia, en varios diarios nacionales e internacionales, fue frecuente la asociaci—n de corrupci—n con tr‡mites burocr‡ticos. En el caso ecuatoriano, por ejemplo, se decret— el Òestado de 17 El punto de partida de Gupta es entender c—mo se realiza la construcci—n del Estado, no solo a nivel de miembros o empleados del gobierno, sino tambiŽn en c—mo se discuten y se manejan los signos y s’mbolos estatales por parte de la esfera pœblica, de los habitantes, de todos aquellos que lo conforman. Para el autor, es importante sumergirse o entender cu‡l es el Ògrado en que el estado se ha implicado en la textura diminuta de la vida cotidianaÓ (Gupta, 2006, p. 211). 18 Akhil Gupta ve en la esfera pœblica la conßuencia de los actores antes mencionados Ñel estado, las empresas privadas y los medios de comunicaci—nÑ: Òel gobierno, en otras palabras, se est‡ construyendo aqu’ en la imaginaci—n y las pr‡cticas cotidianas de la gente comœn. Por supuesto, esto es exactamente lo que hacen la Òcultura corporativaÓ y el nacionalismo: Òhacen posible y luego naturalizan la construcci—n de tales instituciones no localizablesÓ (Gupta, 2006, p. 227). emergenciaÓ que allan— el terreno para que se produzcan compras il’citas o gastos excesivos que se justiÞcan por el surgimiento de la emergencia y la escasez. Este discurso afect— a la imagen que se tiene sobre el aparato burocr‡tico, represent‡ndolo como lento, inoperante, corrupto y poco ‡gil.! Los datos presentados por el gobierno no pudieron, ni podr‡n, al menos en un tiempo corto, ser contrastados. Uno de los problemas que demostr— la pandemia, al menos en el caso ecuatoriano, fue la poca apertura para la socializaci—n de datos y de lo ocurrido en general. Otro de los agravantes para que el rumor y la sospecha estŽn a la orden del d’a, fueron los numerosos casos de corrupci—n denunciados y expuestos pœblicamente sobre compra de pruebas y medicamentos. Adem‡s, la Asamblea Nacional y ciertos municipios empezaron a repartir medicamentos que no hab’an sido probados, aumentando aœn m‡s la sensaci—n ciudadana de estar constantemente expuestos y en continuo peligro y abandono estatal.! La compra y venta de insumos mŽdicos con sobreprecio no se maneja solamente con l—gicas mercantiles privadas. Por el contrario, tambiŽn se permea dentro del sector pœblico y a nivel estatal. El 8 de julio de 2020, la Asamblea Nacional de Ecuador recibi— en el pleno al cient’Þco alem‡n Andreas Kalcker, junto con una comitiva de su fundaci—n hom—nima, y a miembros de la Coalici—n Mundial de Salud y Vida para discutir el uso de di—xido de cloro como tratamiento contra el COVID-19. Como es bien sabido, esta sustancia estuvo en el debate pœblico de las redes sociales por las distintas posiciones que se generaron a su alrededor. La reuni—n, propuesta por el asamble’sta El’seo Azuero, pudo haber resultado en la compra masiva de di—xido de cloro y su distribuci—n a travŽs del sistema de salud pœblica del pa’s. Sin embargo, despuŽs de la audiencia no se dio paso a este proceso de compra pœblica gracias a otros criterios tŽcnicos y mŽdicos expuestos y basados en evidencia. Asimismo, la Agencia Nacional de Regulaci—n, Control y Vigilancia Sanitaria (ARCSA) recomend— durante la pandemia que no se consuman ni se distribuyan productos que contengan di—xido de cloro y que estŽn considerados como tratamiento para COVID-19 y anunci— sanciones contra quienes los comercialicen.! Conforme los meses pasaron, el tema no se dej— de lado y el 13 de octubre de 2020, el monse–or Bertram Wick convoc— una manifestaci—n frente al palacio de justicia de Santo Domingo a favor del uso y legalizaci—n del di—xido de cloro. Tres d’as m‡s tarde, el 16 de octubre de 2020, ARCSA rechaz— una acci—n de protecci—n contra el Ministerio de Salud Pœblica e inform— que, desde junio del mismo a–o, se realizaron controles a aproximadamente 1620 establecimientos y se decomisaron 315 productos de di—xido de cloro.! Durante la pandemia se especul— con diversas sustancias ÒcurativasÓ promocionadas desde varias esferas de poder, Þguras de autoridad y l’deres mundiales (como Trump o Bolsonaro), funcionarios municipales y grupos de conspiraci—n en redes sociales promocionaron y garantizaron la eÞcacia de ciertos medicamentos, insumos de limpieza o remedios caseros. La demanda de los medicamentos que supuestamente ayudan en la enfermedad causada por el COVID-19 se dispar— con cada anuncio que se hac’a al respecto. Las redes sociales sirvieron para diseminar y ampliÞcar informaci—n al respecto v’a cadenas de mensajer’a, videos y notas de voz. Ante la falta de informaci—n institucional, los primeros meses de la pandemia la gente opt— por la automedicaci—n con antibi—ticos y antiparasitarios. DespuŽs de diciembre de 2020, en cambio, las personas buscaban antigripales, vitaminas y mucol’ticos: aument— la demanda de complejo B, paracetamol, vitamina C, clopidogrel y nitazoxanida. Los medicamentos contra el COVID-19 fueron objeto de especulaci—n y se desarroll— un circuito de circulaci—n paralelo que permit’a que el precio de tanques de ox’geno, medicinas y tratamientos sea impuesto por quienes contaban con los productos. Varios casos de corrupci—n se centraban en que los acusados acaparaban medicinas del sector pœblico y las volv’an a vender por redes sociales. Para el 11 de enero de 2021, el Municipio de Guayaquil empez— a repartir ivermectina como parte de una campa–a de desparasitaci—n, insinuando que podr’a servir para prevenir el COVID-1919. Sin embargo, un mes m‡s tarde, el 4 de febrero, el mismo laboratorio que fabrica la sustancia dijo que no existe base cient’Þca para aÞrmar un uso terapŽutico o preventivo contra la enfermedad. Esto deja la interrogante alrededor de las motivaciones y beneÞciarios de esas compras pœblicas. Un asunto similar ocurri— con las bolsas de cad‡veres compradas con sobreprecio ($120 la unidad, con un precio en el mercado de no m‡s de $20) en el que estuvo involucrada la Polic’a Nacional y la entonces ministra de gobierno Mar’a Paula Romo20; tambiŽn ocurri— en MŽxico, con la famosa adquisici—n de ventiladores por parte del Instituto Mexicano de Seguridad Social a la empresa Cyber Robotic Solutions, cuyo titular es Le—n Bartlett, hijo del funcionario de AMLO, Manuel Bartlett.! ÀQuŽ pasa con los cuerpos de los muertos? Si el cuerpo enfermo y el cuerpo muerto es se–alado y estigmatizado porque es considerado como contagioso o peligroso ÀquŽ pasa con el ritual funerario en situaciones de crisis, desinformaci—n y sospecha? 19 https://www.merck.com/news/merck-statement-on-ivermectin-use-during-the-covid-19-pandemic/, consultado 28/10/2021. 20 https://www.dw.com/es/guayaquil-alista-ataœdes-de-cart—n-para-las-v%C3%ADctimas-de-la. pandemia/a-53020638, consultado28/10/2021. Cuerpo enfermo y cuerpo muerto ÒNos cobraron todo, desde la bata hasta las s‡banas de la cama en donde yo estabaÓ (Roc’o). ÒSi no hubiera sido por el pariente de la esposa de mi pap‡, habr’a sido muy costoso el traslado y la hospitalizaci—n. Estamos hablando que en esa Žpoca entrar a una cama de hospital costaba aproximadamente 5000 d—lares el d’aÓ (Jero). ÇMe estaban cobrando 20000 pesos diarios por mantener a mi hermano ah’ en el hospital. Adem‡s, me hab’a mandado a comprar varios medicamentos que luego en el otro hospital me dijeron que nunca se lo colocaron a mi hermanoÈ (Emilio). El cuerpo es un envoltorio, el envoltorio con el que nacemos. Es un tema recurrente en los estudios antropol—gicos: el cuerpo como forma de recordar o rememorar, el cuerpo como abyecto, el cuerpo como memoria. El cuerpo habla, cuenta, rememora. El cuerpo como reminiscencia: el cuerpo no es un mero objeto. Para autores como Jean Comaroff y John Comaroff (1992), el cuerpo humano ha sido visto de diversas formas: entre esas, como una especie de materia prima sobre la cual se graban los sucesos humanos, en el que se impregnan o graban los valores y categor’as del colectivo social donde se enmarca (Van Gennep, 1960; Douglas, 1973; Mauss, 1973; Bourdieu, 1977; Turner, 1988). Bajo esta perspectiva, tanto la persona como su cuerpo se construyen a partir de la socializaci—n, las pr‡cticas y los sistemas de signiÞcados que se ejecutan en la sociedad; se adaptan, entonces, a las convenciones del mundo que les rodea. La experiencia f’sica se vuelve una especie de realidad objetiva, el cuerpo se vuelve un simple medio para apropiarse de las estructuras del mundo (Comaroff y Comaroff, 1992, p. 71). El cuerpo signiÞca, esto implica que es un componente de las pr‡cticas sociales que est‡n alrededor de Žl; ni la expresi—n m‡s etŽrea, ni las pol’ticas m‡s pragm‡ticas pueden escapar de ser representadas a travŽs de Žl (Comaroff y Comaroff, 1992, p. 89). Esto resulta de vital importancia para entender el papel del cuerpo en la enfermedad y en la muerte ya que brinda la oportunidad de no leer al cuerpo enfermo o muerto solamente como un objeto sin agencia, es decir, que no ejerce ninguna acci—n cuando no puede tomar sus propias decisiones o Çdeja de existir vidaÈ en Žl.! El cuerpo, como mediador entre el yo y el mundo, es una noci—n que sirve para comprender al ser humano de forma individual y engranado dentro de una din‡mica social que le permite ser presencia aœn despuŽs de existir en el mundo. El cuerpo genera, es tangible; aœn despuŽs de que pierde Çvoluntad propiaÈ puede seguir ejerciendo su poder a travŽs de los vivos, de los que sienten la necesidad de encargarse de un enfermo grave o de un cad‡ver, Çhacer para el otro lo que deseo para m’È. Sin embargo, ÀquŽ procesos se desencadenan cuando los cuerpos enferman? M‡s aœn, ÀquŽ pasa cuando un cuerpo muere? ÒYo cre’ que mi pap‡ no estaba tan enfermo, uno no se imagina que una persona que estaba bien se va a morir en tan corto tiempoÓ (Alex). ÒLa œltima vez que hablŽ con mi pap‡ fue a travŽs de un mensaje de whatsappÓ (Jero). ÒMe avisaron que mi mami estaba bien enferma muerto por mensaje de whatsapp, como yo estaba internada no me dejaban revisar el celular, cuando llamŽ a ver quŽ pasaba me avisaron que mi mami se hab’a muertoÓ (Regina). ÒMi pap‡ no quer’a hacerse la prueba porque le daba miedo estar enfermo. Pensaba que si estaba enfermo, inmediatamente, iba a empezar a ser un inœtilÓ (Dayana). ÒA mi hermano no le quer’an decir que estaba grave, de hecho, fue el œltimo en enterarse que le iban a entubarÓ (Alejandra). ÒTodos ten’amos miedo de enfermar, mis abuelitos pasaron m‡s de siete meses encerrados para evitar que se contagien. Al Þnal, el primer Þn de semana que salieron dizque de paseo mi abuelito se enferm— y despuŽs de dos d’as se muri—Ó (Alberto). Una de las constantes al realizar las entrevistas es la forma en la que la gente entiende y habla sobre el contagio. La regla general en Ecuador fue el conÞnamiento y el toque de queda, una cuarentena que se extend’a de forma indeÞnida y que volv’a m‡s inteligible a la enfermedad y al contagio; los enfermos, por ende, eran vistos como ÒapestadosÓ y los muertos eran retratados y percibidos como un foco de ÒcontagioÓ. ÒNo nos permit’an entrar a verle a mi mami. El guardia de la puerta incluso nos dijo que no llevemos nada, que tiene todo. Y ah’ le dijimos que mi mam‡ se estaba muriendo de fr’o, que hab’a pedido un saco; y ah’ nos aconsej— que le llevemos la ropa m‡s vieja que tenga porque la ropa de los enfermos y de los muertos se estaba incinerando. Ah’ me di cuenta de que mi mami estaba graveÓ (Dayana). ÒSab’amos que no ’bamos a poder entrar, por eso ni siquiera intentamos. Cuando mi pap‡ entr— a terapia intensiva nosotros present’amos que era la œltima vez que ’bamos a hablar con Žl. Mi pap‡ muri— soloÓ (Jero) ÒTodo en el hospital estaba organizado para que la gente no entre, hab’a siempre personas afuera tratando de averiguar quŽ pas— con sus familiares, pero nadie pod’a pasar por el riesgo de contagio. Era muy triste, mi abuelo muri— soloÓ (Marco). El cuerpo contagiado fue relegado, excluido y marginalizado: ubicado en un margen y limbo en donde se hizo m‡s evidente su soledad y aislamiento. En la mayor’a de pa’ses se destinaron hospitales espec’Þcos para el COVID-19, espacios que estaban destinados a atender a la mayor cantidad de pacientes, pero cuyo manejo inclu’a la segregaci—n y el aislamiento de los enfermos de la esfera pœblica. En muchos de estos lugares a los enfermos se les prohib’a incluso tener un celular. Algunos de los que lograron mantener contacto a travŽs de sus aparatos electr—nicos estuvieron en hospitales privados, lo que habla de ciertos privilegios que tuvieron algunos pacientes gracias a la presencia de recursos econ—micos y tecnol—gicos.! Una de las informantes recibi— la noticia de la muerte de su madre en el ‡rea COVID del hospital en donde ella estaba aœn convaleciente:! ÒPor suerte el doctor al menos en esa ocasi—n se port— bien, me abraz— y me dijo que llore no m‡s, pero que estar triste me iba a hacer peor, fue la œnica vez que pareci— un ser humanoÓ (Regina). Los informantes tambiŽn mencionaron la poca capacidad de los mŽdicos y personal de salud de ser emp‡ticos o ÒgentilesÓ con los familiares y pacientes:! ÒLos abuelitos que estaban en la misma sala lloraban, dec’an que se quer’an morir, las enfermeras les trataban mal y los mŽdicos no les ten’an paciencia. Las personas mayores son como ni–os chiquitos, no les pueden abandonar en una cama todo el d’a, nos sent’amos solosÈ (Regina). Muchos de los familiares se quejaron de la falta de informaci—n que se daba en los partes mŽdicos, incluso, de la diÞcultad de tener un parte mŽdico diario. Muchos de ellos, al no saber c—mo interpretar un parte oÞcial, se quedan con la mejor o la peor parte.! ÒHubo todo un l’o con los partes porque la esposa de mi pap‡ entend’a a medias y se volv’a loca y ped’a otras opiniones. Por eso decidieron que el mŽdico deb’a llamarme a m’, pero a veces no llamaba y eso era desesperanteÓ (Jero). A lo largo de la historia, hemos enviado a extramuros a los espacios que pueden ser ÒcontagiososÓ o las poblaciones que hemos considerado ÇsospechosasÈ; hemos expulsado aquello que genera temor en la gente. Por esta raz—n, incluso la imagen del virus como un enemigo pœblico fue el discurso preferido por los gobiernos: como si el imaginario bŽlico fuera de ayuda en la comprensi—n del cuerpo enfermo o muerto. El ritual contagioso Desde el siglo XIX, la idea de la higiene viene, de forma constante, concatenada con el discurso de lo civilizado. Lo impuro estar‡ de forma recurrente asociado con el terror y ha sido la forma m‡s efectiva de impartir temor (Douglas, 1973, p. 13).! En todo este debate discursivo e ideol—gico, el cuerpo ha sido transversal y central, tal y como en la actualidad. El virus al ser el enemigo o el invasor debe ser detenido: el cuerpo por su parte al ser el receptor debe ser envuelto,! aislado, encerrado y escondido; por œltimo, aquellos cuerpos que el virus no ha contaminado y que se han mantenido puros, deben ser inmunologizados. Sin embargo, el virus ha sido un enemigo m‡s severo, m‡s dœctil y ha sobrepasado toda barrera posible. Esos cuerpos enfermos y esos cad‡veres han sido, m‡s que nunca, tratados como el ÒotroÓ, extra–o, impuro, terror’Þco, casi monstruoso. ÀC—mo entender al cad‡ver y al cuerpo enfermo en este contexto?David Sherman, en su libro In a Strange Room: Modernism«s Corpses and Mortal Obligation (2014), se–ala que la modernidad descubre al cad‡ver con ansiedad, lo revela como un sitio de ÇrecalcitranciaÈ y desorientaci—n ideol—gica, ÀquŽ debe hacerse con Žl? ÀRegularse, secularizarse, modernizarse? Al existir nuevos contextos en los cuales los muertos son un problema a tomarse en cuenta, se busca renovar las obligaciones hacia ellos, establecer una nueva forma de valorarlos21. Estos procedimientos en ocasiones resultaban sumamente hostiles para los cad‡veres y fueron dise–ados para estandarizar tanto a los muertos como a sus lugares de reposo. La creaci—n de estos procesos requiri— tambiŽn que se nombren autoridades sobre los cad‡veres, que derivaron en monopolios alrededor de los mismos(Sherman, 2014, p. 19). La Žtica, el cuidado y la responsabilidad que una u otra comunidad siente con sus muertos fueron razones para que se discuta alrededor de las pol’ticas de la muerte y de los cad‡veres. Se crearon leyes y procesos que recayeron directamente sobre los muertos y los espacios en los que hab’a que ubicarlos. Estos procedimientos y regulaciones son los nuevos participantes y protagonistas que puso la modernidad a dialogar alrededor de la muerte de un individuo. Empero, ninguno de los procesos o normas antes mencionados evitaron que los cuerpos muertos sigan viŽndose de forma marginal y casi antinatural (Sherman, 2014, p. 26). Para Stepputat (2017), en cambio, hay varias constantes al entender la relaci—n que la sociedad moderna desarroll— hacia el cad‡ver, dos de las m‡s importantes son: el poder y el miedo. Fueron motivos constantes dentro de la pandemia de COVID-19, tanto el poder que se ejerci— en las instituciones pœblicas y privadas, 21 Ver un cad‡ver signiÞca tambiŽn verse a uno mismo en un otro incapaz de reßejar; ver un cad‡ver es preguntarse tambiŽn si el destino o el futuro existen; la fe y lo sagrado parecen improbables, la salvaci—n y el m‡s all‡ son m‡s una esperanza que una certeza. La misma naturaleza humana es puesta a prueba cada vez que se observa a un humano en su lecho mortal. como el miedo al contagio, fueron determinantes a la hora de entender por quŽ en algunos de los casos la enfermedad parec’a incontrolable.! ÒTener COVID era como estar apestado, nadie quer’a decir nada, todo el mundo se avergonzaba, era peor que tener una enfermedad sexual, nadie quer’a saber que uno tuvo o ten’a COVIDÓ (Regina). ÒEl Municipio no quer’a aceptar y aœn no acepta que mi pap‡ se contagi— en el trabajo, como que no est‡n dispuestos a aceptar que no tuvieron cuidado. Tampoco tomaron medidascon los otros empleadosÓ (Alex). ÒEl œnico que pudo entrar a despedirse de mi abuelito fue mi t’o. Nadie m‡s, porque a nadie le dejaron pasar a verle. Ni siquiera a mi abuelitaÓ (Marco). Aislar y marginar a los enfermos cuando est‡n en proceso de muerte es de las formas m‡s evidentes del ejercicio del biopoder. No solo est‡ el alejar al enfermo del c’rculo familiar y de conÞanza en pos de la cura, sino tambiŽn el proceso de no saber quŽ pas— o quŽ pasar‡ con el paciente hasta que la etapa cr’tica llegue a su Þnal y uno deba enfrentar la muerte de un cuerpo que no puede ejercer su voluntad. Muchos de los pacientes de COVID ni siquiera tuvieron la oportunidad de expresar sus œltimas voluntades o deseos; muchos de ellos murieron luego de ser entubados. Durante las entrevistas mantenidas se pudo reßexionar sobre el poder de los hospitales, de los medios y del mismo estado para controlar a sus ciudadanos a travŽs de las regulaciones, las —rdenes y los decretos. El muerto debe ser regulado, pero adem‡s, en este caso espec’Þco, el enfermo y el cad‡ver fueron convertidos en el enemigo y en portadores de un miedo social. La idea del miedo o el terror que causa la enfermedad y la muerte ha sido ampliamente discutida en el psicoan‡lisis, en donde el terror que puede causar en los seres humanos la muerte, sobre todo, es tomada como un hecho indiscutible y universal. Este miedo es tratado como el m‡s inßuyente, una especie de miedo por antonomasia. En el caso espec’Þco de la pandemia, el cuerpo enfermo y el cuerpo muerto fueron veh’culos para que el estado despliegue su poder: control en la entrada y salida de la poblaci—n (toque de queda) y nuevas reglas y ordenanzas para establecimientos de salud y sitios de descanso de los muertos. El cuerpo enfermo y el cad‡ver fueron declarados enemigos para el Estado, palabras y connotaciones que forjaron un dispositivo eÞciente para ejercer poder sobre la poblaci—n, instrumentos dialŽcticos que generaron sentimientos de terror y miedo. M‡s que nunca, ambos cuerpos fueron Çel otroÈ: incomprensibles, indeterminados e impuros. Todos los y las entrevistados para este art’culo tienen una visi—n pesimista sobre su experiencia en la pandemia. Solo uno de ellos quiere volver a saber sobre el servicio pœblico, los dem‡s incluso han pensado en empezar a pagar un servicio privado de salud. Aunque mencionan que, en el servicio privado, la violencia se transmite directamente en los pagos y en las absurdas cantidades de dinero que les son solicitadas cuando alguien es hospitalizado: ven a lo pœblico como un ente en exceso violento y corrupto. Ninguno de ellos quisiera volver a pasar por una experiencia similar. Para los deudos o para los familiares de enfermos que deben enfrentar al estado, estos tr‡mites han hecho que todos los procesos a los que deben enfrentarse parezcan indescifrables. Los ciudadanos Ñen su gran mayor’aÑ no est‡n preparados respecto a c—mo dialogar con la burocracia, de alguna forma, porque no manejan su gram‡tica traducida en quŽ, c—mo y d—nde deben hacerse los tr‡mites. Este fue uno de los datos comunes tambiŽn con los informantes. Los tr‡mites hacen incluso que la sensaci—n de pŽrdida sea m‡s hiperb—lica, m‡s aœn en un contexto en donde todo est‡ sumamente controlado y dirigido para crear una atm—sfera de miedo y sospecha.! No obstante, el panorama gris, con la propagaci—n del virus tambiŽn lleg— la adaptaci—n ante las circunstancias que tra’a consigo.! ÒNadie quer’a salir, no sab’amos bien quŽ hacer porque est‡bamos en toque de queda, est‡bamos asustadosÓ (Irma). ! ÒTodo el mundo estaba tan perdido y nos dimos cuenta que a mi t’o le quer’an un mont—n y entonces como ni siquiera la funeraria ten’a un servicio de transmisi—n en l’nea, nosotros decidimos hacer esto para que la gente pueda asistir. DespuŽs incluso creamos una empresa que ofertaba servicios de transmisi—n en l’nea y hac’amos paquetes de transmisi—n, y libro de memorias, nos fue sœper bienÓ (Estefan’a). Este dato es esencial incluso para entender c—mo cambiaron las formas de aproximaci—n al muerto y a su ritual funerario: ÒMira, yo creo que en las ciudades las cosas s’ cambiaron, ya no se hacen cortejos, por ejemplo. Sin embargo, en los pueblos, en las ciudades m‡s peque–as, las cosas no cambiaron. La gente sigue velando y sin necesidad de envolver a su muerto. Donde no llega el discurso de lo higiŽnico, y en donde la gente est‡ segura de que sin ritual el muerto no se va bien ni se dejan de hacer rosarios, ni se deja de velar al difuntoÓ (Oscar). Apenas las restricciones se quitaron, incluso en las grandes ciudades, los rituales volvieron a celebrarse y practicarse; los cementerios se visitaron, limpiaron y habitaron de nuevo. Luego de que las medidas de prevenci—n se hicieran m‡s leves, hubo familias que pagaron por celebrar rituales funerarios a destiempo, es decir, que velaron cenizas o que aplazaron sus reuniones Òpara despedirse bienÓ. Algunos de los informantes contaron que estaban esperando al D’a de Difuntos o a m‡s tardar Navidad para hacer la misa y las comidas, para despedirse bien de su ÒmuertitoÓ, de Òmi difuntita, que en paz descanseÓ. Muchos de ellos esperaron que Òla pandemia se acabeÓ para sacar la ropa Òde mamiÓ del armario; para dejar de hablar con las cenizas y llevarlas, por Þn, al pante—n; para abrazarse con el primo o la hermana que no logr— viajar. Todas estas ausencias suspendidas labraron un dolor hondo, hicieron que el duelo se prolongue, pero no evitaron que todos quieran hacer algo pronto Òuna ceremonia chiquitaÓ, Òuna comidita, m‡s que seaÓ, para que as’ Òmi abue, se vaya en pazÓ. Al ser un paso fundamental para la reestructura del nœcleo familiar o social, el ritual funerario debe(r’a) ejecutarse, solo as’ se vence al olvido de los que se fueron en esos momentos llenos de incertidumbre y p‡nico. Los muertos del COVID -19 no son una cifra o un nœmero en un acta de defunci—n, esos muertos tienen rostro, nombre, historia. Desde el estado se pudo pretender que el ritual pod’a desaparecer o ponerse en pausa, sin embargo, el ritual funerario, simplemente, se transform— o posterg—.! Corolario La intenci—n de este art’culo es entender c—mo funcion— la l—gica del rumor en la pandemia de COVIDÐ19 en el caso ecuatoriano y mexicano. C—mo se construy— el imaginario del contagio, del virus y c—mo enfermos y sus familiares tuvieron que lidiar con una crisis que inclu’a desinformaci—n y corrupci—n en todas las esferas. C—mo, incluso, estos escenarios beneÞcian las formas en la que los estados aplican su poder a travŽs del control y la manipulaci—n de informaci—n y de cifras. Este panorama tambiŽn nos ayuda para comprender c—mo se trata a los cuerpos enfermos y a los cuerpos muertos en este tipo de situaciones de crisis, c—mo se construyen las ideas del enemigo pœblico o el imaginario de lo que se denomina y representa como peligroso. Y, de nuevo, c—mo todo esto ayuda a ejercer poder y control de las instituciones. A pesar de todo, este art’culo fue capaz de observar en los entrevistados lucidez y agencia; en varias ocasiones, durante las entrevistas, ellos y ellas manifestaron sus deseos de re-hacer su ritual y sus despedidas. Saben, a ciencia cierta, que las despedidas a medias generan profundos traumas y ausencias suspendidas (de las que no han sido capaces de sobreponerse). Son esos momentos los que nos permiten reßexionar sobre el ritual funerario y el cuerpo. Ese cuerpo con el que trataron de enemistarnos al hacerlo nuestro enemigo, triunfa: se enfrenta al poder y al control. No hay pandemia que pueda detener nuestro deseo de llevar a cabo un funeral y sobreponer a nuestros muertos al olvido. Son sus relatos con lo que nosotros, los que quedamos, podemos colaborar. Esa es la deuda que tenemos luego de la crisis: evitar que nuestros muertos se vuelvan cifras inanimadas de una estad’stica estatal, impedir que el discurso del miedo a un virus se vuelva una poderosa arma de control social. Podemos, en cambio, cumplir a destiempo sus œltimos deseos, honrar su memoria, contar sus historias, darles, al Þn, nuestros œltimos adioses. Bibliograf’a Asad, T. (2004). Where are the margins of the State?. En V. 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Historias personales, verdad y reconocimiento: sobre los lugares del rumor en las vidas de quienes han experimentado una pŽrdida violenta [Tesis de maestr’a no publicada]. Universidad Javeriana de Colombia