La película de la precariedad. Ensayo a mar abierto Imatapash mana charikta rikuchik kuyurik shuyu. Mamakuchamanta paskaklla killkay The Precarius Movie. An open-water essay Javier López Alós lopezalos@gmail.com ORCID: 0000-0002-9159-2907 Investigador Independiente (Alicante, España) Cita recomendada: López Alós, J. (2023). La película de la precariedad: Ensayo a mar abierto. Revista Sarance, (50), 115-123. https://doi.org/10.51306/ ioasarance.050.06 ............................................................................................................................... Resumen En el presente ensayo se propone una exposición de algunas de las características principales de la subjetividad precaria estudiadas en la obra del autor Crítica de la razón precaria. La vida intelectual ante la obligación de lo extraordinario (2019)1 a través de la película Open Water 2. A la deriva (2006). El largometraje cuenta la historia de un grupo de jóvenes que se ven atrapados en mar abierto después de haberse lanzado al agua desde la embarcación sin haber desplegado nadie la escalerilla para subir de nuevo. Esta situación sirve como metáfora para la descripción de la experiencia de la precariedad y sus consecuencias. Asimismo, se plantean una serie de consideraciones acerca de la relación entre precariedad y el futuro de las ciencias sociales y humanas. Palabras clave: precariedad; universidad; vida intelectual; precariado; Humanidades. _______ 1. En el trabajo intelectual no es frecuente encontrar la oportunidad de volverte a explicar e intervenir por invitación en torno a un tema sobre el que ya has escrito. Cuando eso sucede, una de las preguntas inevitables es cómo hacerlo. Por lo que a mí respecta, la respuesta pasa por tratar de expresar esas ideas de una forma que evite una repetición que devenga en mecanismo. En su lugar, el propósito es propiciar asociaciones nuevas e imprevistas que hagan del ensayo una búsqueda y de la escritura un goce. Ojalá también de la lectura. ________ ............................................................................................................................... Tukuyshuk Kay uchilla killkaypimi allikuta yuyarin ishkay sumak ruraykunamanta. Shukka kanmi kamu, chay kipa shuk kuyurik shuyu mana kashpaka película nishpa riksinchik. Kaykunapimi subjetividad precaria nishka yuyayta maskankapak munan. Kaykunami chay ishkay ruraykuna kan: shuk kamu, Crítica de la razón precaria. La vida intelectual ante la obligación de lo extraordinario (2019) shinashpa Open Water 2. A la deriva (2006) nishka kuyurik shuyupi warkurishpa, ishkantita chimpapurachishpa alli yuyarinkapak. Películaka, mana kashpaka kay kuyurik shuyuka rikuchinmi imasha mamakuchapi wampuk antawamanta tawka wamprakunaka yakuman pawan wampunkapak, chaymanta kutin witsikayta mana ushan, tukuylla kunkashka chakanata puntamanta uriyahuchinata, shinashpa imashaytapash mana usan mamakucha chawpipi wampunahushpa. Shinami kaypi killkakka rikuchinkapak munan, imashalla precariedad, imatapash mana charishpaka imamanlla chayay usharinka nin. Chashnallatak kaypika killkashkami kan imashalla shamuk pachapipash ciencias sociales yachaykuna, runakunapa yachaykuna chinkay usharin kashna imatapash katinkapak mana charishpaka. Sinchilla shimikuna: precariedad; imatapash mana charishpa; Hatun yachana wasi; yachay kawsay; imatapash mana charik; Runakunapa Yachay. ............................................................................................................................... Abstract This essay presents several of the main characteristics of precarious subjectivity explored in Javier López Alos’ work Crítica de la razón precaria. La vida intelectual ante la obligación de lo extraordinario [Critique of Precarious Reason. Intellectual life before the obligation of the extraordinary] (2019) in the film Open Water 2: Adrift (2006). The movie tells the story of a group of young people who find themselves trapped in the open sea after jumping into the water from the boat without anyone making sure the ladder needed to climb back up was dropped down. This situation functions as a metaphor of precariousness and its consequences. Moreover, it opens the door to a series of considerations about the relationship between precariousness and the future of the social and human sciences. Keywords: precariousness; university; intellectual life; precariat; Humanities. ............................................................................................................................... 1 Las noches de insomnio son grandes aliadas de las malas películas. En justo pago por las molestias, estas acortan los paseos a oscuras por la casa, las idas y vueltas de la cama al sofá y del sofá a la cama y las sonámbulas visitas al frigorífico. Diríase que las horas avanzan más ligeras apoyadas en los relatos previsibles y, a veces, se les cae alguna sorpresa por el camino. Así me sucedió hace poco en el transcurso de uno de esos períodos en que ni el sueño ni la madrugada aciertan a llegar. Encendí la televisión y, sin interés ni curiosidad, comencé la primera rueda de cambios de canal con el mando a distancia. Entonces, entre anuncios de colchones ergonómicos, partidas de póquer en línea, combates de lucha tailandesa, enésimas reposiciones y largometrajes de serie B (y C y creo que hasta D), me topé con una película que, no obstante llevar un rato empezada, presentaba una situación de tal simplicidad que no pude resistirme, en esas horas, a abandonarme a su previsible desarrollo y caprichoso desenlace. Debo confesar que sólo al rescatar ese recuerdo para este escrito, he sentido la necesidad de investigar cómo se titulaba: Open Water 2.2 En castellano mantuvo fielmente su añadido: A la deriva. En francés, más explícito, se le dio el nombre de Dérive mortalle. En realidad, los antecedentes, aquello que me había perdido, no tienen gran importancia para la trama ni para los temas sobre los que trata este número especial de Sarance. Sin embargo, la peripecia que nos presenta sí nos sirve como metáfora de la precariedad. El meollo del asunto, a partir de una inevitablemente angustiosa combinación de mala suerte, descuido e instinto de supervivencia, es fácil de resumir: un grupo de jóvenes bañándose en alta mar junto a una lujosa embarcación de recreo que abandonaron sin que nadie se acordara de colocar antes la escalerilla para poder subir de nuevo a bordo. A partir de ese momento, se enfrentan a lo que podríamos llamar un oxímoron radical, vida y muerte: están atrapados en mar abierto. 2 Da la casualidad de que “Precariedad a la deriva” es el título de un capítulo de mi libro Crítica de la razón precaria3 y, de alguna manera, en la vigilia inflamada que llega a ser a veces una noche de insomnio, tuve la sensación de estar asistiendo a una suerte de representación cinematográfica de algunas ideas expuestas en esas páginas. Por supuesto, no estoy sugiriendo que, con este largometraje, Hans Horn, su director, quisiera proponernos una metáfora de la precariedad ni nada por el estilo. Los personajes nada tienen que ver con el precariado intelectual ni con quienes sufren de estrecheces materiales. De hecho, a lo que asistimos es a la desdichada aventura de unos jóvenes que deciden disfrutar de unas vacaciones al alcance de pocos bolsillos y que no revelan tampoco mayores intereses culturales o académicos. Sin embargo, enseguida lo veremos, los paralelismos con la experiencia de la precariedad son evocables a partir de elementos como la vulnerabilidad sobrevenida, la incomprensión acerca de la propia situación, una heteronomía extrema, el resentimiento, la autoexplotación como forma de redención, el miedo, la competencia destructiva, el abandono... y también su relación con el tiempo. En particular, cómo consideramos el futuro desde ella y una incapacidad absoluta para pensar en algo más que no sea escapar del tiempo presente, un pensamiento en permanente retroalimentación y que se vuelve fatalmente obsesivo. ________ 2 Horn, H. (Director). 2006. Open water 2. [A la deriva] [Película]. Summit Entertainment. 3 López Alós, J. (2019). Crítica de la razón precaria. La vida intelectual ante la obligación de lo extraordinario. Los Libros de la Catarata. ________ En mitad del océano y a la deriva, luchando por mantenerse a flote, se desvanece la posibilidad de idear un después, un más tarde o un mañana. El mundo se achica. No hay futuro, pues las energías y la imaginación están todas puestas al servicio de la emergencia vital en que se encuentran. Sólo, y con resultados catastróficos, aparece puntualmente el pasado, siempre en forma traumática, como recuerdo de una herida o una cuenta que saldar. A su vez, sabemos que entre los estragos de la precariedad se encuentra justamente una extraña temporalidad según la cual el presente se reduce a una angustia permanente, el pasado a una colección de antecedentes que explican el sufrimiento actual y el futuro a un lugar al que encomendarse si uno tuviese la más mínima intuición de dónde está. Pero no está y tampoco se atisba la oportunidad de crearlo o fundarlo, pues el presente, ese presente inestable que amenaza con tragarte, lo pide todo. 3 La precariedad puede definirse como aquella situación de fragilidad en la que cualquier cambio imprevisto puede acarrear consecuencias catastróficas. Entonces, no sólo señala un estado presente de debilidad, sino, sobre todo, la posibilidad de que las cosas vayan a peor. De ahí que, en semejantes circunstancias, aguantar llegue a percibirse como un objetivo justificado, acaso el único realista. La precariedad obliga a formas contradictorias de adaptación: la primera de ellas, adaptarse a una situación que a la vez se desea abandonar. Además, hay que hacer algo cuando no se sabe qué hacer y cuando se vive en la certidumbre de que cualquier decisión errónea puede ser irreparable. La ansiedad que produce la conciencia permanente de vulnerabilidad empuja a la acción, pero al mismo tiempo bloquea la capacidad de decisión. De esta manera, el sujeto se ve alternando entre la parálisis de la voluntad y las respuestas mecánicas e irreflexivas que responden al imperativo de actuar. Como ilustran algunos pasajes de la película, el acierto se hace difícil bajo tales premisas. Por si fuera poco, el miedo estimula conductas egoístas y en absoluto cooperativas que contribuyen a empeorarlo todo. Open Water 1, escrita y dirigida por Chris Kentis en 2003,4 contenía también elementos que no costaría trabajo incorporar a una reflexión sobre la precariedad: una pareja de buceadores queda abandonada en medio de un mar en el que abundan los tiburones, no por mala fe de los responsables del viaje, sino por algo tan banal como el olvido. Lo explico en Crítica de la razón precaria, pero no está de más insistir en ello: sentirse abandonados a la propia suerte y el miedo al olvido son dos elementos característicos de la experiencia subjetiva de la precariedad. No sorprenderá si digo que la especial exposición a los depredadores (a los que no por azar con frecuencia llamamos también tiburones) es otra de las amenazas que conlleva este estado. Con todo, creo que la secuela alemana de 2006 sirve mejor a la metáfora de la precariedad, pues, compartiendo el nudo del conflicto, añade componentes tan significativos como las dinámicas de grupo y la presencia inmediata del objeto de deseo. Por razones diversas, con más o menos responsabilidad, los personajes de la película se ven de pronto expuestos a la máxima vulnerabilidad. No ha hecho falta gran cosa para ello, apenas un error de previsión, para verse fuera del barco y sin posibilidad clara de regresar a él por sus propios medios. En algunos casos, ni siquiera ha habido imprevisión: simplemente no sabían y quien sabía o debía saber fue negligente y animó al pasaje a tirarse al agua sin preocuparse de las consecuencias. De pronto, sienten que su vida no depende ya de ellos, pero acaso pudieran comprender que en realidad perdieron su autonomía incluso antes de arrojarse al mar, en el mismo minuto en que subieron al barco. A partir de ese instante, sólo quedaba confiar en que el timón estuviera manejado por alguien capaz y comprometido con el hecho de que en la nave no iba solo, que el destino de otras vidas estaba vinculado a sus actos. Pierden un tiempo precioso, en el que todavía las fuerzas están intactas, tratando de reconstruir cómo han llegado a ese punto y atribuyéndose las culpas correspondientes. La ansiedad aparece y empieza a condicionar los comportamientos y las estrategias cada vez más desesperadas. En un momento dado, pasa cerca una embarcación y sus peticiones de auxilio se confunden con gestos de saludo. A falta de un suelo donde hacer pie, el movimiento incesante es la respuesta instintiva para lograr mantenerse a flote. Por su parte, la hiperactividad del precario, su necesidad de capitalización de cualquier acción, es al mismo tiempo un distintivo de idoneidad y autosuficiencia, de estar preparado para lo que sea necesario, y de menesterosidad. Así, el precario intelectual debe proyectar que no le hace falta nada justo cuando vive sintiendo que le falta todo. Con lo que lo más probable es que no obtenga nada. Los navegantes que se cruzan con él quizá sonríen amables por lo bien que se le ve ahí, disfrutando del baño, y siguen su marcha, sin que ni siquiera pueda recriminarles que haya habido omisión de socorro. ________ 4. Kentis, C. (Director). 2003. Open Water. [Mar abierto] [Película]. Lionsgate. ________ 4 De modo muy señalado en el ámbito cultural, la precariedad es una situación caracterizada por una ambigüedad permanente, cuya explicación también podemos continuar ensayando a través de las imágenes que nos ofrece la película. Para empezar, los personajes se encuentran en el agua a merced de la mar, pero no son exactamente náufragos. De hecho, la embarcación sigue ahí, a su lado, perfectamente sólida y anclada. No hay naufragio propiamente dicho, son ellos los que se hunden, pero a la nave no le ha sucedido nada. El barco es al mismo tiempo el origen de su desgracia –pues los ha conducido hasta allí– y su posibilidad más tangible de salvación. No en vano, la están tocando. ¿No podemos reconocer una ambivalencia similar en el precariado universitario, vale decir, en quien se embarca en la carrera académica? ¿No es la universidad lo que se identifica como causa del sufrimiento, pero también, si las cosas se arreglan, si logra subirse a cubierta, su solución? ¿No la siente ahí, al alcance de su mano? Uno de los aspectos más interesantes para nuestro símil tiene que ver con el modo en que los personajes se relacionan con la embarcación. La conocen y la han disfrutado, pero ahora están fuera. El conflicto reside en realidad, en este punto, en que la exterioridad no implica lejanía. Al contrario, hay contigüidad, pues, aun en el agua, están tocando el casco del yate, tan bien pulido. Lo trágico es que no pueden subir a él. Van a agotar todas sus energías en intentar regresar como sea. Incluso hay alguien dispuesto a valerse de un cuchillo para, clavándolo en el casco, auparse hasta el borde y trepar. Pero surge entonces la discusión de si está justificado o no dañar la nave, si acaso no hay alternativa, si es del todo seguro que su suerte está echada, y la mala fortuna termina por desbaratar el plan. Creo que es una escena que refleja asimismo las dudas que el precario tiene con respecto a la institución: ¿cómo relacionarse con ella?, ¿puede criticarla?, ¿hasta qué punto debe preocuparle no dañar el pulimento cuando es él quien se está yendo a pique?, ¿debe calcular pensando en que tal vez regrese?, ¿quiénes son sus compañeros y qué relación de confianza puede o debe establecer con ellos? Como ocurre en el largometraje, mucho de estas preguntas tiene que ver con el grado de aceptación de lo que está ocurriendo, que, aunque cueste identificarlo, va más allá de la experiencia subjetiva de cada cual. Al fin y a la postre, lo personal no necesariamente ha de ser individual, máxime cuando se está pasando por un mismo trance. 5 Sin duda, la precariedad en la que se encuentran los personajes de Open Water 1 y 2 es distinta a la que encontramos en el mundo académico. En esta última, la salud se puede ver dañada y los padecimientos pueden tener consecuencias trágicas, pero la integridad física no se ve comprometida en cuestión de segundos y sin apenas variación entre unos cuerpos y otros. No obstante, y es por eso que propongo este uso metafórico de este metraje, la precariedad, tanto la eminentemente biológica (el hecho de que podamos morir en cualquier momento) como la social (el hecho de que podamos caer en la exclusión para siempre y en cualquier momento) comparten muchos rasgos y modalidades de reacción. Al fin y a la postre, se siente que está en juego la supervivencia. Ésta puede restringirse sólo a la identidad social y cultural, a la autocomprensión del individuo y su proyecto de vida a partir de una vocación, pero se trata igualmente de la tensión por perseverar en ella. Porque –y ahí buena parte de la angustia y la vulnerabilidad– la vida atravesada por la vocación no se distingue con sencillez de la vida biológica. Al igual que A la deriva, la precariedad cifra la mayor de las esperanzas en el rescate. La salvación se liga a lo extraordinario, a ser capaz de producir o merecer ser rescatado por lo inesperado. El milagro de que lo imprevisto, esta vez, sea para bien. Esa fe ciega mantiene activo al individuo, pero lo hace dependiente de fuerzas externas que renuevan su subalternidad. Para el precario intelectual, más que un rescate pleno que lo conduzca a puerto seguro, lo más probable es que haya de conformarse con pequeñas ayudas puntuales, como becas, exiguas colaboraciones y pequeños contratos que, a la manera de flotadores y lanchas neumáticas, permitan ganar un poco más de tiempo a la espera, siempre a la espera, de que se produzca la operación-milagro de salvamento. En esta descripción de la precariedad cabe distinguir dos vías básicas de salvación, que en ocasiones pueden llegar a confluir: la vía individualista –que tiene efectos destructivos en los demás y en uno mismo, incluso cuando llegue a conocer algo parecido al “éxito”– y la vía de la deuda –que establece una suerte de vasallaje con respecto a la mano que graciosamente se nos tiende–. Ahora bien, y aquí el gesto plebeyo que defiendo como palanca de transformación, ¿no existen acaso otros caminos a explorar que partan de la cooperación entre iguales y se basen en una interdependencia horizontal?, ¿no merece la pena pensar la cuestión fuera de los marcos de salvación y del éxito? Porque no se trata sólo de lograr subirse al barco, sino, como también se muestra al final de la película, de qué se hace una vez allí: ¿qué se hace de quienes siguen en el agua, olvidarlos, dejarlos atrás?, ¿animar a más y más gente a seguir lanzándose al mar sin importar en qué condiciones se verán o si van a poder regresar a bordo? Todas estas cuestiones, siendo muy personales, no son sólo de índole ética, sino también política. Sus respuestas implican modos de relacionarnos con nosotros mismos y con los otros, qué esperamos de ellos y qué pueden esperar ellos de nosotros, una comprensión determinada de las jerarquías y los derechos, así como de a qué estamos dispuestos y cuáles son los límites. En definitiva, imponen una toma de postura acerca de qué consideramos justo y legítimo (hacer y soportar) con tal de salvar nuestra vocación. 6 Mi impresión es que el futuro de las humanidades pasa en muy buena medida por el modo en que resolvamos estas dudas. En primer lugar, porque, como se ha indicado, el estado de precariedad no es precisamente propicio para ocuparse de la preservación de otra cosa que uno mismo. En segundo lugar, porque la aceptación de los paradigmas de cuño darwinista que predican la lucha por la supervivencia como guía de conducta condenan a las propias disciplinas a competir entre sí y ser desplazadas por otras más aventajadas o equipadas para el combate, o sea, con mejores perspectivas de rédito económico. Al poner en riesgo la reproducción social del conocimiento humanístico, en este panorama se merma asimismo la capacidad de imaginar alternativas al statu quo y las tiranías del presente. Las humanidades suponen un bagaje de imágenes, palabras, historias, metáforas… inscritas en el tiempo, vidas y realidades que fueron posibles, mediante las que constatamos que no todo ha sido siempre así, como es ahora, que nada humano es siempre y única e inevitablemente así. ¿Pero están las humanidades y las ciencias no aplicadas en peligro? ¿Necesitan acaso ser rescatadas? La respuesta también es doble: los saberes que las constituyen no, al menos no en el corto plazo; su cultivo y práctica, la posibilidad de hacer algo con ellas que no sea custodiarlas como si estuvieran en una reserva natural, ya es más discutible. En todo caso, el estudio, la experiencia de las ciencias y las artes, alguna forma de vida intelectual, son un derecho que debiéramos reivindicar para cualquiera, derecho que es exactamente lo que la desigualdad y la precariedad niegan en la práctica material. En contra de los modelos empresariales basados en la promoción de elites de alto rendimiento que consolidan las diferencias sociales (encubiertas bajo capa de meritocracia), el porvenir de todo ese legado de saberes que consideramos importantes para todo el mundo demanda que quien que lo desee esté en condiciones de acceder a él, intervenir, contribuir o simplemente disfrutarlo. Por definición, las humanidades no pueden ser de unos pocos. Si el saber, las ciencias y las artes son un privilegio, entonces difícilmente podremos persuadir al conjunto de la sociedad de que merece la pena preocuparse por su destino, que le será ajeno. Por el contrario, para que sean percibidas como lo que son, patrimonio común, como algo que nos pertenece a todos con independencia del grado de implicación que deseemos tener en ellas, deben entrar en el repertorio de posibilidades de la vida de cualquiera. Hoy, llegados a este punto, hablar del futuro de las ciencias excediendo sus aplicaciones técnicas y las expectativas de capitalización es hablar también del tipo de sociedad que estamos construyendo y contrastarlo con lo que nos parecería justo y deseable –de nuevo, insisto– por cualquiera. Referencias bibliográficas Horn, H. (Director). 2006. Open water 2. [A la deriva] [Película]. Summit Entertainment. Kentis, C. (Director). 2003. Open Water. [Mar abierto] [Película]. Lionsgate. López Alós, J. (2019). Crítica de la razón precaria. La vida intelectual ante la obligación de lo extraordinario. Los Libros de la Catarata.