Editorial El mundo globalizado en el que vivimos atraviesa todos los espacios de lo público y de lo privado, incluso el de la enfermedad; donde el saber se fracciona en nichos reduccionistas de la realidad al servicio de estándares políticos, administrativos y financieros que marcan un aparente destino de la humanidad. La interdisciplinariedad de los conocimientos se presenta como un reto para construir una mirada múltiple que, desde el espacio particular de cada disciplina y saber, construya una red de intercambios para repensar los problemas humanos, para abrirlos y compartirlos. Este camino, como menciona la filósofa catalana Marina Garcés, nos invita a pasar del yo al nosotros, de la impotencia al compromiso y de la sospecha a la confianza. Reconstruir este recorrido en el ámbito académico nos remite al legado de la revista Sarance del Instituto Otavaleño de Antropología (IOA), que en su primer número publicado el 31 de octubre de 1975 marcó una etapa importante en el proyecto académico-editorial pues sus publicaciones consolidaron a la Institución que nació en el año de 1967. Esta primera entrega, nos remite el editorial de entonces, pretende difundir en la revista “lo que vamos aprendiendo sobre nosotros mismos”, y más adelante, “llevará el registro de nuestra específica aventura” inscrita en el particular recorrido histórico del país y de la región. Esta aventura por un lado describe la vida y el desarrollo institucional del IOA, y por otro, plantea la necesidad de crear una publicación científica donde se plasmen los futuros resultados de las investigaciones iniciadas por el Instituto. El segundo número de Sarance, publicado en febrero de 1976, esboza críticamente la realidad de la investigación en el Ecuador y en el continente americano. La define como deficiente en su formación, relegada de las políticas nacionales y desfinanciada en las instituciones de educación. Nos resulta interesante que, en nuestros tiempos, enfrentemos los mismos problemas, sumado el culto tecnocrático y burócrata en el que se desenvuelve la investigación, sobretodo en el campo social. En ese sentido, en esa segunda entrega también se plantea que el desarrollo de una investigación científica seria debe ser una tarea social pendiente y nos presenta el programa que hasta entonces fue pionero en el Ecuador y que se empezaba a aplicar en el IOA: el concurso y financiamiento de becarios de investigación de diferentes nacionalidades 1. Dichas becas, con el tiempo generaron investigaciones referenciales para las Ciencias Sociales del país y de la región. Producto de aquello se materializaron una serie de publicaciones recopiladas en las decenas de números de la revista Sarance y en la histórica colección Pendoneros. Tanto en la referencia del primer número de la revista Sarance, como en otro escrito desarrollado posteriormente por nuestro fundador Plutarco Cisneros 2, se utiliza la metáfora del marinero y su recorrido, y a la actitud de los viajeros con su camino; ambos con la curiosidad y la incertidumbre como condición para establecer respuestas y preguntas, propias del quehacer investigativo. Estos recorridos al igual que las experiencias del IOA han marcado y marcan nuestro trayecto: un horizonte móvil, dinámico y de la mano del riesgo como un acompañante permanente. Es por ello que retomamos las diversas consignas y las rutas establecidas para potenciarlas en esta nueva entrega. Tomamos con responsabilidad la misión de continuar los caminos de los que nos preceden, aprender de sus recorridos y abrir, desde nuestra visión, rutas nuevas que postulen espacios alternativos de debate y ratifiquen nuestro compromiso con la generación de conocimiento como una herramienta de transformación social. Han transcurrido más de cuatro décadas de publicaciones con cuarenta y cuatro entregas de la revista Sarance del Instituto Otavaleño de Antropología que legitiman nuestro compromiso con la investigación. La presente entrega presenta una visión panorámica de diversos trabajos de investigadores a través de la compilación de ocho artículos que proponen un debate desde diferentes ramas del conocimiento: lingüística, historia social, estudios culturales, antropología, etnomusicología y estudios políticos. Esta selección temática no es una mera recopilación, representa la perspectiva que el IOA desde sus inicios planteaba: la complementariedad del conocimiento. El reto de dicha complementariedad se fundamenta en analizar y comprender las diferentes problemáticas diacrónicas y sincrónicas de nuestras sociedades a partir de las diversas perspectivas teóricas y metodológicas que presentan las disciplinas sociales y humanas en la actualidad. La presente revista y sus entregas futuras pretenden construir un espacio para pensarnos de manera distinta, para cuestionar las realidades, que busquen conjugar el saber y la acción, pero que nos permita como sociedad, encontrar “otros caminos posibles” que construyan una humanidad conjunta y digna. __________________________________________ 1 Este programa postulaba un propósito claro: “la presencia de expertos de diversas nacionalidades no significa, en nuestro contexto, otro rasgo de dependencia cultural, sino un intento de asimilar críticamente el saber elaborado en otras latitudes, inscribiéndolo en una concepción propia” (p. 4) 2 Ver la nota al lector (págs. 19-26): Cisneros, P. (2017). El IOA: la historia no contada. Otavalo: Editorial Pendoneros. Diego Rodríguez Estrada Editor general