Ense–anza-Ap Desaf’os actuales para la rendizaje de la Lengua Espa–ola Current challenges for the TeachDr. ing-Learning of the Spanish Language Licenciado en Literatura Hispanoamerica.na (ULA-MŽrida-Venezuela, 1978), Mag’ster Scientae en Literatura Iberoamericana (ULA, 1996), y Doctor en Ciencias Humanas (ULA, 2017). Profesor de Literatura Espa–ola I (hasta 2012), y Literatura Espa–ola II (hasta 2006); y profesor de Literatura Venezolana I (desde 2015) y Literatura Espa–ola II (desde 2018), en el Departamento de Literatura de la Uni.versidad de Los Andes. MŽrida-Venezuela. Coordinador de seminarios sobre El Quijote, El s’mbolo barroco en el Teatro del Siglo de Oro Espa–ol. la poes’a de Federico Garc’a Lorca y Edici—n del poema venezolano del siglo XIX. Autor de los libros: /DWUDQVÀJXUD.ci—n poŽtica del ÇCantico EspiritualÈ; Anto.log’a poŽtica de AndrŽs Bello (desde el pai.saje americano) y La Expresi—n literaria de la Espa–a Medieval. Ha publicado art’culos cient’Þcos en revistas: Actual, Conciencia y Di‡logo, Fermentum, y Presente y Pasado yDikaiosyne de la Universidad de Los Andes. Fecha de recepci—n 13/09/18 Fecha de aprobaci—n 21/11/18 Marco Aurelio Ram’rez Vivas coaureliorv@yahoo.com1mar Resumen En esta disertaci—n abordaremos algunas de las claves did‡cticas que un docente de lengua espa–ola tendr‡ en cuenta en su proceso de ense–anza aprendizaje. Entre esas claves tenemos el vigor actual de nuestro idioma; saber que la lengua primordialmente un fen—meno oral; que la comunidad lingŸ’stica es depositaria del lenguaje; que el uso lingŸ’stico y la norma gramatical dialogan en la lengua; que el ser humano posee una gama de lenguajes; destacar la diferenciar y relaci—n entre la Revista Sarance N¼ 42. Publicaci—n Bianual - Per’odo Junio / Noviembre - 2019 - ISSN : 1390-9207 - ISSN e: e-2661-6718 pp 151- 164 1 fonŽtica, la fonolog’a y la escritura del espa–ol; y que la ense–anza de la gram‡tica debe apuntar a captar el inmenso potencial de nuestra lengua para la comunicaci—n. Palabras claves: lengua espa–ola,lenguajes,sistema de signos, fonŽtica y fonolog’a, ense–anza-aprendizaje del idioma espa–ol, gram‡tica espa–ola. Abstract In this dissertation we will address some of the didactic keys that a Spanish-language teacher will consider in their teaching-learning process. Among those keys we have the current vigor of our language; know that the language is primarily an oral phenomenon; that the linguistic community is the repository of language; that the linguistic use and the grammatical norm dialogue in the language; that the human being has a range of languages; highlight the difference and relationship between phonetics, phonology and writing of Spanish; and that the teaching of grammar should aim to capture the immense potential of our language for communication. Keywords: Spanish language, languages, sign system, phonetics and phonology, teaching-learning of the Spanish language, Spanish grammar. Introducci—n ÀCu‡les son las claves did‡cticas a tener en cuenta por un docente en el proceso ense–anza aprendizaje de la lengua espa–ola? Entre esas claves did‡cticas estar’an el sorprendente vigor de nuestro idioma en el mundo actual; en comprender que la lengua es ante todo un fen—meno oral y como tal se registra como un sistema de signos en cada uno de sus hablantes; que es la comunidad lingŸ’stica su depositaria y no sus escritores, aunque ellos la innoven; que en la lengua dialogan el uso lingŸ’stico y la norma gramatical; que el ser humano tiene una capacidad semiol—gica integral; que el docente debe diferenciar y relacionar la fonŽtica, la fonolog’a y la escritura del espa–ol para su cabal aprendizaje; y m‡s que ense–ar la gram‡tica a los aprendices de nuestra lengua, es concientizarlos de que el espa–ol en su corpus gramatical ofrece unas inmensas e impensadas posibilidades para la comunicaci—n. 1.- El vigor de la lengua espa–ola en el mundo actual:2 AndrŽs Bello publica su Gram‡tica, entre otras razones, porque tem’a que nuestro idioma se fragmentara, como s’ sucedi— con el lat’n en las postrimer’as de la Alta Edad Media, a causa del mosaico lingŸ’stico-cultural complejo de la AmŽrica decimon—nica. La lengua imperial de Antonio de Nebrija hab’a perdido su raz—n pol’tica debido a la Independencia, pero el hecho de ser el idioma comœn en el Continente, pensaba Bello, pod’a contribuir a la uni—n americana. Por ello, nuestro pol’grafo escribe en el Pr—logo de la obra antes referida: ÒÉMis lecciones se dirigen a mis hermanos, los habitantes de HispanoamŽrica. Juzgo importante la conservaci—n de la lengua de nuestros padres en su posible pureza, como un medio providencial de comunicaci—n y un v’nculo de fraternidad entre 2 Hace trece a–os publiquŽ un trabajo (Ram’rez, 2005). Este primer apartado, con ampliaciones y supresiones y su debida correcci—n de estilo, es la re-actualizaci—n de esa peque–a diserta.ci—n que ahora ampl’o con los otros seis puntos que trato en esta reßexi—n. Hace quince a–os tambiŽn se edit— en MŽxico un trabajo de mi autor’a (Ram’rez, 2003) relacionado con este tema. las varias naciones de origen espa–olÉÓ (1985:24). En los albores del siglo XXI, la lengua espa–ola muestra una longevidad, vitalidad y juventud sorprendentes. M‡s de 500 millones de personas hablan hoy la lengua de Cervantes. Su geograf’a lingŸ’stica se expande sin freno por Estados Unidos, Canad‡ y la Europa no hispana; y se habla en algunos pa’ses africanos y en Filipinas a la sombra del inglŽs y de sus idiomas abor’genes. Ante el avance de nuestro idioma, el papa Juan Pablo II proclam— que el espa–ol suplantar’a al lat’n como lengua oÞcial de la Iglesia Cat—lica. Bello se asombrar’a por esa capacidad del castellano contempor‡neo para sobrevivir, adaptarse y remozarse; de ese poder de encarnarse en pueblos, regiones y culturas diversas. Compete a lingŸistas y a especialistas de otras disciplinas cient’Þcas y human’sticas investigar este fen—meno de cohesi—n idiom‡tica de nuestra lengua que, como cualquier hecho verbal, se halla siempre tentada por la dispersi—n. Sin embargo, la lengua espa–ola, como toda creaci—n humana en el tiempo, no es eterna, concluir‡ algœn d’a en su misi—n comunicativa. No obstante, este Þnal de jornada para nuestro idioma se encuentra aœn muy distante: muchas generaciones la hablar‡n, la tendr‡n como su medio de comunicaci—n, cuando los hispanos parlantes del mundo de hoy seamos cenizas, polvo y olvidoÉ ÀEn quŽ estriba, entonces, ese vigor de la lengua espa–ola para resistir el desgaste de un millar de a–os?, Àpor quŽ se ha inculturado con una m’nima conßictividad en conglomerados humanos dis’miles?, Àpor quŽ muestra esa lozan’a y novedad en su competencia lingŸ’stica? La respuesta a esta interrogante no es simple. La lengua tiene esa contradictoria propiedad de ser, por un lado, un fen—meno explicable; y, por el otro, una realidad ininteligible. Las respuestas sobre la naturaleza, los rasgos y el desempe–o de la lengua siempre ser‡n parciales. Sin embargo, creo que existen tres aspectos que explican ese arraigo, empuje y renovaci—n del idioma espa–ol en el mundo actual, umbral de una nueva Žpoca. El primer aspecto radica en que la lengua espa–ola perdi— su vocaci—n imperial en el siglo XIX. Su car‡cter administrativo, legal, comercial y pol’tico pasa a un segundo plano, dejando ello una sensaci—n de libertad entre sus hablantes. Pero esa pŽrdida de vocaci—n pol’tica no explica por s’ sola la tras-temporalidad del espa–ol. Una herencia literaria colonial densa hecha por cronistas, poetas, narradores e intelectuales robusteci— la lengua de la Pen’nsula: Juan de Castellanos, Bernal D’az del Castillo, BartolomŽ de las Casas, L—pez de G—mara, Sor Juana InŽs de la Cruz, Garcilaso Inca de la Vega, Fray Pedro Sim—n, JosŽ de Oviedo y Ba–os, entre otros escritores coloniales, plasmaron, en el idioma a travŽs del cual don Quijote y Sancho aliviaron sus soledades, un legado cultural tan robusto como poliŽdrico. Por otro lado, cuando las literaturas prehisp‡nicas cobran importancia cultural, en vez de opacar la lengua espa–ola, la fortalecieron debido a que Žsta se trasvas— ese ex—tico y complejo imaginario del mundo amerindio. Como ejemplos de ello tenemos a Mar’a çngel Garibay, el compilador colonial de textos escritos y pict—ricos del MŽxico Antiguo; al fraile Francisco Ximenez, el transcriptor en lengua maya y traductor al espa–ol del Popol Vuh. y Miguel Le—n Portilla, traductor y divulgador de la literatura n‡huatl. El segundo aspecto que contribuye a ese vigor inusitado de la lengua espa–ola se debe a ese talante para convivir con otras lenguas. En la dŽcada de los 60 del siglo XX, al n‡huatl, quechua, aymar‡, guaran’ y dem‡s idiomas amerindios se les reconoce como depositarias de las identidades aut—ctonas. Desde entonces, el espa–ol convive de forma pac’Þca, como debe ser, con otros idiomas, aÞanz‡ndose como medio verbal comœn de los distintos pueblos del Continente. Ello, sin embargo, exigi— una maduraci—n en la que colaboraron, y siguen colaborando, escritores americanos de los siglos XIX, XX y XXI tales como, entre otros, AndrŽs Bello, JosŽ Joaqu’n Olmedo, Ferm’n Toro, Juan Vicente Gonz‡lez, JosŽ Asunci—n Silva, Domingo Faustino Sarmiento, JosŽ Le—n Mera, RubŽn Dar’o, Pablo Neruda, Ciro Alegr’a, Gabriela Mistral, Teresa de la Parra, CŽsar Vallejo, JosŽ Mar’a Arguedas, Juan Carlos Onetti, Augusto Roa Bastos, Jorge Luis Borges, Garc’a M‡rquez, Vargas Llosa, Alejo Carpentier, Arturo Uslar Pietri, Rafael Cadenas, Ram—n Palomares, JosŽ (Pepe) Barroeta, Salvador Garmendia, JosŽ Donoso, etc., que, con su obra literaria de envergadura, universalizaron m‡s la lengua de la Castilla de Alfonso el Sabio. El tercer aspecto que incide en la vitalidad de la lengua espa–ola reside en ser el idioma materno de gran parte de la emigraci—n contempor‡nea. El emigrante hispano parlante piensa, recuerda, sue–a y ama en lengua espa–ola para preservar su identidad,vivir en la casa de la memoria, adaptarse a las realidades for‡neas y proyectar su futuro incierto en unas extra–as geograf’as. Una lengua preservada en el c’rculo familiar tiene muchas probabilidades de sobrevivir y permanecer. El gallego es ejemplo de ello: desde el siglo XIV dej— de ser la lengua oÞcial de su pueblo, pero se conserv— viv’simo en los hogares de Galicia hasta que la poeta Rosal’a de Castro, a Þnes del siglo XIX, propici— su resurgimiento. Hoy, m‡s de 50 millones de personas en USA tienen en el espa–ol su lengua materna; y esa cifra va in crescendo. Un mundo multiŽtnico, multicultural y multilingŸe se expresa en lengua espa–ola, fomentando el di‡logo, la aceptaci—n y convergencia entre colectivos sociales diversos. Nuestro idioma cristaliza en un mosaico de hablantes, portadores de cosmovisiones distintas. En un mundo amenazado por el autoritarismo, la intolerancia y el ego’smo; hablar en espa–ol implica dialogar con quien piensa, siente y vive de manera diferente, pero que convoca a la solidaridad gracias a esas diversidades. Hablar en espa–ol hoy en d’a signiÞca desplegar el concierto polif—nico de otras lenguas como portadoras de otras culturas. La lengua, que naci— en los campos yermos y polvorientos de Castilla, se impuso pol’ticamente en la Pen’nsula IbŽrica y parte de Europa a Þnes del siglo XV, y en el Nuevo Mundo en el siglo XVI. DespuŽs de la Independencia, AndrŽs Bello visualiz— en el idioma castellano el factor aglutinante de los pueblos americanos de culturas diversas. En las postrimer’as del siglo XIX y durante todo el siglo XX, se cre— en lengua espa–ola una poderosa literatura de recepci—n universal. Hoy, la lengua espa–ola carece de metas pol’ticas, al menos expeditas, pero, desde esferas m‡s humildes, se abre a la interacci—n comunicativa, a crear fraternidad, a comprender al otro, que es distinto culturalmente. Contrario a lo que pensaba AndrŽs Bello, la lengua espa–ola en la actualidad corre menos peligro de fragmentarse, posee un vigor juvenil que desconcierta y admira. ÁEnhorabuena!, como dir’an los espa–oles. La lengua espa–ola, por otra parte, se halla a la saga del mandar’n y del inglŽs, los dos idiomas m‡s hablados del mundo. El mandar’n sobrepasa el millardo de hablantes; y el inglŽs se ha popularizado por ser apto para el comercio, las relaciones pol’ticas y la relaci—n b‡sica entre los viajeros de las diversas regiones del Planeta. Sin embargo, el espa–ol presenta una asombrosa adaptabilidad y versatilidad en los diversos pueblos y culturas que lo cobijaron a travŽs del tiempo. Si bien, aœn est‡ a la mitad de camino del millardo de hablantes, no se codea todav’a con el inglŽs como idioma comercial, y no es la lengua materna de muchas de las comunidades no hispanas, tiene la virtud inusual de ir col‡ndose entre los intersticios culturales de sus natos o noveles usuarios. El idioma espa–ol mexicano, guatemalteco, costarricense, salvadore–o, nicaragŸense, hondure–o, paname–o, venezolano, colombiano, dominicano, uruguayo, ecuatoriano, paraguayo, chileno, cubano, argentino, de los emigrantes y el de sus aprendices extranjeros, con sus variantes ineludibles, se hermana en una eÞciente y efectiva comunicaci—n que va m‡s all‡ de lo racional, de lo instrumental, toca hasta los tuŽtanos emotivos del ser colectivo e individual. Desarrollo 2.- La lengua es sobre todo un fen—meno oral: Una de las equivocaciones que se comete en la ense–anza-aprendizaje del espa–ol es preparar al alumno solo para la lectura y la escritura, olvidando, como lo planteaba Ferdinand de Saussure, que el lenguaje ante todo es un fen—meno oral (2010). La audici—n y la vocalizaci—n, performances naturales y mayores de la lengua, son las que troquelan, por medio de im‡genes acœsticas, el idioma en cada uno de los miembros de la comunidad lingŸ’stica. La oralidad instaura, reactiva, enriquece y fortalece d’a a d’a la lengua. Si permaneciŽremos por un tiempo dilatado sin escuchar ni hablar, nuestro caudal verbal se ver’a mermado sensiblemente, aparte del da–o sicol—gico que producir’a esa carencia audio-voc‡lica. Por eso, en las clases sobre lengua espa–ola deber’a reinar la oralidad, dejar para luego ese silencio necesario para la lectura y escritura. As’ nuestro idioma se aprender’a mediante la ejecuci—n de canciones, la recitaci—n de poemas, la promoci—n de debates verbales, el rescate del rol de los cuentacuentos, la representaci—n de obras teatrales, las simulaciones radiales, la pr‡ctica de los trabalenguas y las adivinanzas, el grabado de videos educativos donde lo auditivo y lo voc‡lico juegue un papel primordial, etc. Desde la oralidad se incrementar’a de igual modo el respeto y la estimulaci—n a las variedades fonŽticas de cada regi—n de los hispanos parlantes, porque la lengua es sobre todo un fen—meno oral: desde esa facultad se troquela, toma identidad y se irradia en el universo cultural. 3.- La comunidad lingŸ’stica como la depositaria de la lengua: Otro aporte de Saussure es indicar que la comunidad lingŸ’stica es la depositaria de la lengua y, aunque los escritores son sus m‡s conspicuos y egregios representantes, cada miembro de esa comunidad tiene algo que aportar al idioma, de cada uno de ellos aprendemos ese tesoro verbal inconmensurable. As’, el ama de casa, el ni–o, el joven, el anciano, el chofer, el campesino, el artesano, el tŽcnico, el profesional, la mujer, el soldado, el obrero, el pobre, el rico, el artista, el actor, el comerciante, el barrendero, el atleta, el pol’tico, etc., desde su universo verbal siempre tiene algo que ense–ar a cada hablante. El alumno de lengua espa–ola debe concienciarse de la importancia por igual que tiene cada miembro de su comunidad lingŸ’stica para ir enriqueciendo diariamente su competencia verbal. 4.- El uso lingŸ’stico y la norma gramatical en la lengua y sus roles en la comunicaci—n: Lalenguaespa–olaposeeinnœmeras posibilidades expresivas. En ello entra en juego el uso lingŸ’stico y la norma gramatical. ÀQuŽ debe predominar en nuestra lengua; las convenciones idiom‡ticas sociales o las normas gramaticales? Esos dos aspectos, no obstante, carecen de fronteras precisas, porque las normas gramaticales son producto de acuerdos sociales que se nos imponen: y el uso lingŸ’stico del mismo modo tiende a modiÞcar esas prescripciones idiom‡ticas. Ello nos lleva a pensar que el uso lingŸ’stico y la norma gramatical conviven en di‡logo en la lengua, y ambos son necesarios para su existencia: el primero innova d’a a d’a al idioma; y la segunda, le imprime su sentido de permanencia. Pero, tanto el uso lingŸ’stico como la norma gramatical est‡n en funci—n de la comunicaci—n; raz—n de ser, el Þn primero y œltimo de la lengua. La comunicaci—n regula al uso lingŸ’stico y a la norma gramatical, dosiÞca la renovaci—n idiom‡tica y evita su fosilizaci—n en la vigencia de la norma lingŸ’stica. Ello lo tendr‡ en cuenta el docente de lengua espa–ola. No se trata de que el alumno aprenda una lengua asŽptica, pulcra en su gramaticalidad, ni que la emplee a capricho, se trata de que aprenda a utilizarla como un idioma comprensible socialmente. 5.-El ser humano y su capacidad semiol—gica integral: Si bien, la lengua es el sistema de signos m‡s complejo del ser humano, Žste es un ser semiol—gico, poseedor de otros lenguajes. Es lo que ilustra George Mounin con el ejemplo del hombre que llega al aeropuerto. Ese individuo para all’ orientarse, emplea su capacidad para descifrar el lenguaje iconogr‡Þco del lugar: los s’mbolos, se–ales y s’gnos de otros lenguajes entran en juego para que dilucide su sentido de orientaci—n y aborde as’ el vuelo que previamente ha seleccionado (1972). El cine, la televisi—n, el mundo multimedia y las nuevas tecnolog’as han puesto en boga el lenguaje iconogr‡Þco, medio que fuera preferido por los seres humanos medievales. El ser humano no solo descifra el mundo circundante mediante el lenguaje verbal: las im‡genes, los sonidos campestres y/o urbanos, los olores ambientales, la textura de los objetos, los sabores de comidas y bebidas, el cœmulo de emociones y sentimientos, entre otros, forman parte de esos otros lenguajes que se complementan con el idioma. As’, cuando el alumno se sumerge en el proceso ense–anza-aprendizaje de la lengua espa–ola, se le conminar‡ a acompa–ar esa actividad did‡ctica con el empleo de esos otros lenguajes que son de su competencia. Despertar, desarrollar y agudizar su sentido de comprensi—n integral para descifrar el mundo de manera cabal, cr’tica y creativa. 6.- La fonŽtica, la fonolog’a y la escritura del espa–ol para su cabal aprendizaje: Otro aspecto a tener en cuenta por el docente de lengua espa–ola, es distinguir entre su fonŽtica, su fonolog’a y su escritura, para una labor efectiva en su ense–anza-aprendizaje. Al ‡mbito de la fonŽtica pertenecen todas las vocalizaciones y audiciones de los hispanos parlantes en el espectro complejo de su riqueza verbal. Ac‡ entra en juego las modalidades orales de nuestro idioma. Aqu’ se barajan los diversos estilos regionales de cada hablante, sus locuciones particulares que conforman una de sus se–as de identidad. Por ejemplo, en Venezuela, el andino posee una competencia oral peculiar y espec’Þca, que es distinta a la del zuliano, oriental, llanero y caraque–o.Sin contar que cada una de esas variantes de la comunidad lingŸ’stica del espa–ol venezolano tiene a su vez cada una de ellas sus estilos particulares; as’, dentro del hablante andino nacional, el tachirense, el meride–o y el trujillano exteriorizan respectivamente nuestra lengua con modalidades que le son caracter’sticas. As’, en el Ecuador, sin ser experto en el espa–ol ecuatoriano, el serrano, el coste–o y el del Amazonas ecuatorial tienen cada uno de ellos un modo de hablar que le es distintivo; sin contar con las variantes fonŽticas que presentan cada una de esas regiones para sus adentros. Aparte de que cada hablante del espa–ol posee una huella digital oral que es œnica y distinta a los millones de seres humanos que emplean nuestro idioma. Si el docente toma en cuenta esta realidad lingŸ’stica, comprender‡ que al ense–ar el espa–ol, no lo har‡ desde un plano neutro, asŽpticamente, que entroniza el espejismo del Òbuen decirÓ, sino que su pedagog’a se enmarcar‡ desde la identidad lingŸ’stica del alumno, para que enriquezca su competencia desde su partitura verbal materna, que incluye no solo a su familia sino al entorno de su comunidad hablante. Si el docente de ello es consciente, evitar‡ el error que se comente con suma regularidad de castrar a sus alumnos en aras del buen uso de la lengua. En cuanto al aspecto fonol—gico de la lengua espa–ola, primordialmente nuestro idioma se encuentra en nuestro interior como un sistema de signos troquelado por las im‡genes acœsticas en cadenas y redes; la escritura es una etapa posterior, ello lo revela el aprendizaje del lenguaje por parte de los ni–os. Esas im‡genes acœsticas, aunque se revisten de la riqueza de la fonŽtica de la lengua, en el fondo se estructuran mediante fonemas distintivos y pertinentes encadenados por diferenciaci—n y oposici—n, para crear los signos lingŸ’sticos con un signiÞcado por convenci—n social. Los fonemas de un idioma son contados, y conforman la diagramaci—n m‡s profunda de la lengua. As’, por ejemplo, siguiendo al vuelo y sin rigurosidad la FonŽtica y fonolog’a de Enrique Obediente (2007), el espa–ol venezolano grosso modo tiene los fonemas siguientes: vocales: /a, e, i, o, u/ y consonantes /b, c, d, f, g, j, k, l, m, n, –, p, r, s, t, y/; para un total de veintiœn fonemas. El espa–ol venezolano carece de los fonemas: /h/ ya desaparecido de la lengua castellana, as’ como de /q, v, w, x, z/. As’, cuando el docente de lengua de nuestro pa’s ense–a a los j—venes, debe saber que ellos la registran a travŽs de esos fonemas, y ello se comprueba en la escritura de ni–os y adolescentes: escriben como hablan. Hace a–os, se usaba la ultracorrecci—n lingŸ’stica: se forzaba a un hablante del espa–ol venezolano a pronunciar diferenciando /b/ de /v/; /s/ de /z/, /s/ de /x/; sin tener en cuenta que esas oposiciones ya se hab’an perdido. En las otras modalidades del espa–ol sucede algo semejante aunque sus fonemas var’en levemente en nœmero y las oposiciones perdidas no coincidan del todo con el ejemplo dado. Si el docente se percata de ello, comenzar‡ su proceso ense–anza-aprendizaje por la oralidad, sin complicarse la vida en ultracorrecciones y extrayŽndole la riqueza de la fonŽtica y fonolog’a de nuestra lengua; cre‡ndole una mejor plataforma para la fase posterior de la lectura y escritura. En cuanto a la lectura y escritura, como se dijo, debe apoyarse en una ense–anza s—lida de la oralidad, teniendo en cuenta que es m‡s lo que o’mos y hablamos que lo que leemos y escribimos. No obstante, la lectura es el enlace con la oralidad, aunque Žsta se sea a viva voz o en silencio. Con la lectura regular nos familiarizamos con las palabras que registran las graf’as, con sus pausas, entonaci—n y cadencia. Aqu’ es donde surgen las normas ortogr‡Þcas, los signos de puntuaci—n y la acentuaci—n que le damos a cada palabra. Lo ideal ser’a que los fonemas coincidieran con las normas de escritura de una lengua. En el caso del espa–ol, ya AndrŽs Bello propuso in illo tempore simpliÞcar la ortograf’a (1981), como la vemos en la escritura pr’ncipe de la Alocuci—n a la Poes’a y La agricultura de la zona t—rrida. Pero, en la realidad el sistema fonol—gico y las normas ortogr‡Þcas no marchan paralelas: la escritura se va quedando a la saga, como lo apunt— Saussure, produciŽndose un desfase, donde la ortograf’a se ha vuelto un sistema m‡s complejo que no representa del todo a los fonemas. Sin embargo, la Academia de la Lengua Espa–ola, en el siglo XX, ha realizado varias reformas ortogr‡Þcas cautas. No obstante, en aras de la comunicaci—n escrita, hay que aprender las normas de escritura del espa–ol mediante la lectura perseverante de textos que nos enriquezcan, a travŽs del ejercicio paciente de la escritura. Para ello, las redes sociales son instrumento id—neo para este aprendizaje. Millones de personas que, quiz‡s nunca hubiesen escrito un texto en su vida, hoy lo hacen desde facebook, twitter, instagram, etc. Para ello, la ense–anza de la ortograf’a del espa–ol es indispensable. Luego vendr‡n otras reformas ortogr‡Þcas del espa–ol y nos iremos adaptando a las mismas. 7.-La gram‡tica del espa–ol y sus grandes posibilidades para la comunicaci—n: En cuanto a la gram‡tica del espa–ol, m‡s que aprenderla al pie de la letra, una tarea sumamente fatigosa para quienes hacen de esa disciplina su espacialidad, hay que compartirla entre los alumnos. Saber sobretodo cuales son las inmensas posibilidades y los l’mites ineludibles de nuestra lengua. El espa–ol es un idioma anal’tico; es decir que para un solo signiÞcado generalmente poseemos varias palabras,as’ como tambiŽn varias frases y oraciones, tenemos una conformaci—n diversa para expresar un determinado mensaje. Nuestra lengua tiene una versatilidad y maleabilidad extraordinarias. El inglŽs y el hebreo son, en cambio, idiomas sintŽticos: una palabra asume varios signiÞcados, y sus frases y oraciones tienen un margen m‡s estrecho de variedad lingŸ’stica. Ello hace de la gram‡tica del espa–ol un espectro amplio de gran riqueza comunicacional. As’, el sustantivo domina como el eje central de sentido, que se acompa–a por otros sustantivos de significados semejantes. Siendo adem‡s la palabra m‡s numerosa y dominante de nuestro idioma. El adjetivo, por su parte, se encuentra al servicio del sustantivo para ampliar, reducir o modificar su significaci—n. Los conectores (art’culos, preposiciones y conjunciones) se encargan de tejer la urdimbre de frases y oraciones. El verbo (m‡s de 15000 en el espa–ol) insußa de vida, movimiento y pasi—n, como plante— la gram‡tica tradicional, a las cadenas oracionales. A todo esto se suma que los verbos del espa–ol comprenden tres modos (indicativo, subjuntivo e imperativo), tres conjugaciones y cuarenta y ocho variedades en su realizaci—n. No debemos olvidar al adverbio que, con un menor ’mpetu con respecto al adjetivo, modiÞca al verbo. Pero ello no se veriÞca dentro de una rigidez gramatical, sino dentro de un juego amplio y ßexible de valores: se puede sustantivar cualquier palabra del espa–ol como verbalizar cualquier sustantivo u adjetivo. QuŽ no decir de la variedad rica de las expresiones sint‡cticas del castellano, de la gama gramatical sorprendente del sujeto y del predicado, de los giros diversos de las cadenas oracionales del espa–ol. Esto nos indica que m‡s que aprender la gram‡tica espa–ola, aspecto Žste que no debe eludirse por sus obvios beneÞcios, lo primero es comprender ese juego inconmensurable de sus posibilidades lingŸ’sticas y comunicativas, incidiendo ello favorablemente en el desarrollo cada vez m‡s de nuestra competencia comunicativa, en el despliegue cada vez mejor de nuestra inteligencia, y en la agudizaci—n cada vez m‡s incisiva del sentido cr’tico de nuestras interpretaciones sobre el mundo circundante. Conclusi—n La lengua es una forma, como lo plante— Saussure, en la cual se va vaciando la memoria cultural de un pueblo: y una vez producido ese vaciado no hay vuelta atr‡s, queda impreso por centenares o miles de a–os. Recordemos que uno de los dep—sitos m‡s estables de la memoria es la palabra. El espa–ol ha dado pruebas de ello: sirvi—, y sirve de recipiente a las memorias culturales del universo de los hispanos parlantes. Y los aprendices de nuestro idioma deben tener conciencia de esta realidad lingŸ’stica. Son varios los temas a abordar por el docente de la lengua espa–ola, imposibles de tratar ac‡ por razones de espacio: el alumno ha de conocer los temas controversiales tales como el empobrecimiento del lenguaje; el analfabetismo funcional; el discurso del poder y de la opresi—n; la verdad y la mentira en el lenguaje; el discurso de la evasi—n; quien habla, el contexto hist—rico cultural de su discurso y el pœblico al cual se dirige; el valor trascendente de las obras literarias, etc. No habido una Žpoca como la actual para aprender, comunicarse y residenciarse en las casas de la memoria de la lengua espa–ola. Nunca como antes un docente del castellano afronta tan interesantes retos, desaf’os tan provocativos, que los impele a poner manos a la obra. Referencia bibliograf’a BELLO, AndrŽs (1981). Principios de la ortolog’a y mŽtrica de la lengua castellana y otros escritos. Introducci—n a los estudios ortol—gicos y mŽtricos de Bello por Samuel Gili Gaya. En Obras completas. Tomo Sexto, Caracas, La Casa de Bello, Estudios filol—gicos. Tomo 1. BELLO, AndrŽs y RuÞno J. Cuervo (1985). Gram‡tica de la Lengua Castellana. Caracas: Cultura venezolana S. A. MOUNIN, George (1972). Introducci—n a la semiolog’a. Barcelona. Editorial Anagrama. OBEDIENTE, Enrique (2007). FonŽtica y fonolog’a. MŽrida [Venezuela]: Universidad de Los Andes. Consejo de Publicaciones. RAMêREZ VIVAS, Marco Aurelio (2005): ÒEl vigor de la lengua espa–ola en el mundo contempor‡neoÓ. En: La H parlante. MŽrida [Venezuela]: Facultad de Humanidades y Educaci—n. Universidad de Los Andes. Bolet’n N¼ 3. pp. 4-5. RAMêREZ VIVAS, Marco Aurelio (2003) ÒOralidad, lectura, escritura y an‡lisis de textos LiterariosÓ. En: Hechos y Realidades. Los Mochis [MŽxico]: Revista de Divulgaci—n Educativa Ð Centro de Actualizaci—n del Magisterio Ð Unidad Los Mochis. A–o 4. N¼ 13. pp. 45-55. SAUSSURE, Ferdinand de (2010). Curso de LingŸ’stica General. VigŽsima cuarta edici—n. Buenos Aires: Editorial Losada.