Influencia de la narrativa cronológica en la construcción cultural de la experiencia migrante en jóvenes The Influence of Chronological Narratives on the Cultural Construction of the Migrant Experience Among Young People Shuk mamallakamanta shamushka wampra kuytsakuna, imashalla kawsashkata rimashpa llakta kawsayta wiñachin Pablo Orbe pablo-echeverria45@hotmail.com ORCID: 0009-0003-2692-3516 Pontificia Universidad Católica del Ecuador (Quito. Ecuador) Revista Sarance ISSN: 1390-9207 ISSNE: e-2661-6718 Fecha de recepción: 20/03/2026 Fecha de aceptación: 21/04/2026 Cita recomendada: Orbe, P. (2026). Influencia de la narrativa cronológica en la construcción cultural de la experiencia migrante en jóvenes. Revista Sarance, (56), 162 - 189. DOI: 10.51306/ (button) ioasarance.056.09 ................................................................................................................ Resumen Quien migra no llega con una sola voz, porque la experiencia del desplazamiento se configura en múltiples planos —políticos, económicos y sociales— que no bastan para explicar cómo se habita y se significa la migración. Este estudio emplea narrativas cronológicas como herramienta analítica para comprender cómo los jóvenes reconstruyen su trayectoria y elaboran sentidos culturales sobre su desplazamiento. Participaron 51 jóvenes migrantes de Venezuela, Chile, Colombia, Estados Unidos y Ecuador, entre 18 y 24 años, quienes elaboraron narrativas cronológicas en dos talleres aplicados en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y en la Fundación Casa Athenea. Desde un enfoque etnográfico y un diseño mixto, el estudio combinó la producción narrativa con encuestas de autoperecepción. Los resultados muestran que la secuenciación temporal identifica el quiebre migratorio, organiza memoria y agencia, y vincula la experiencia personal con procesos colectivos de identidad y pertenencia. Palabras clave: migración, joven; identidad cultural; escritura. ................................................................................................................... Abstract Migrants do not arrive with a single voice. The experience of displacement is shaped by multiple political, economic, and social dimensions that, on their own, are insufficient to explain how migration is experienced, inhabited, and given meaning. This study uses chronological narratives as an analytical tool to explore how young people reconstruct their life trajectories and make cultural sense of their displacement. The participants were 51 young migrants from Venezuela, Chile, Colombia, the United States, and Ecuador, aged 18 to 24, who produced chronological narratives during two workshops conducted at the Pontificia Universidad Católica del Ecuador and the Casa Athenea Foundation. Using an ethnographic approach and a mixed-methods design, the study combined narrative production with self-perception surveys. The findings show that temporal sequencing helps identify migration as a turning point, organizes memory and agency, and connects personal experiences with collective processes of identity formation and belonging. Keywords: migration; youth; cultural identity; writing ................................................................................................................... Tukuyshuk Mayhan shuk mamallaktaman rishpaka mana shuklla shimi rimaywanka chayanchu, imasha purishpa rishka yachaykunapashmi wiñarin -llaktaypi, kullky ruraypi, llakta kawsaypi- shinapash mana tukuylla imashalla kawsashkaka rikurinkachu. Chaymi kay killkaypika wampra kuytsakunata rimachishpa tapuchikrin imashalla karumanta shamushpa kawsashkata. Chay rimashka yuyaykunatami ashtawan kutin tikrashpa yuyarishpa shuk yachay ñan kayta ushan nishpa rikun. Chaywan riksinkapak imashalla paykuna shuk mamallaktamanta shamushpa paykunapa kawsaytallata shuk layaman wiñachin. Kay killkayta rurankapakmi pichka chunka shuk wampra kuytsakunawan pakta rimarishka. Paykunami kay mamallaktakunamanta kan: Venezuela, Chile, Colombia, Estados Unidos, shinallatak Ecuadormantapash. Paykunami chunka pusakmanta ishkay chunka chusku watakunata charin. Paykunawanmi ishkay tantatankuyta rurarishka tapuchishpa imashalla kawsamushkata rimachun. Kay tantanakuykunatami Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sumak Hatun Yachana Wasiwan shinallatak Fundación Casa Athenea ukukunatin pakta rurashpa apashka. Kay killkaypaka etnografía yachay ukumanta shinallatak chapuchishka ruraywanpashmi yuyarishpa imashalla kawsashka tapuykunataka rurashka kan. Kallarimanta imasha shuk mamallaktamanta llukshishpa kay mamallaktakaman chayamushkata punchan punchan tapuchikpika ninantami kuytsa wamprakunata yanapan yarichun imatalla, imashalla kawsamushkata, imatalla rurashkata, shinallatak ayllupura pakta llukshishpa ayllupura chayamushkata rikushpaka ashtaka sinchiyachin paykunapa yuyaykunatallata. Sapi shimikuna: llaktamanta llaktaman riy, wampra kuytsakuna; kikinyari kawsay; killkay ................................................................................................................... 1. Introducción Las medidas impuestas por Donald Trump desde el primer día de su nuevo mandato, el 20 de enero de 2025, se convirtieron en referentes para el cambio de las dinámicas migratorias en todo el mundo: el fin del estatus de protección temporal en Estados Unidos se vio secundado por campañas de “remigración para salvar Alemania”, así como por derogatorias de amnistía migratoria en Ecuador (Cañizares, 2025; González, 2025). Debido al auge de estas decisiones restrictivas, resulta fundamental comprender que la migración no es una amenaza, sino un fenómeno estructural que afecta la vida de quienes se desplazan (Macías et al., 2024, p. 970; Fortier, 2013, p. 66). Su magnitud lo confirma: en 2022 la población migrante internacional representó el 3,6% de la población mundial, y el 14,6% correspondió a jóvenes entre 15 y 24 años (OIM, 2022; DAES, 2025). En este contexto, comprender cómo estos jóvenes configuran culturalmente su experiencia permite entender cómo enfrentan, significan y reordenan los efectos de dichas restricciones en su identidad y en sus sentidos de pertenencia, revelando la dimensión subjetiva de un fenómeno estructural. Esta investigación aporta una perspectiva innovadora al estudio de la migración juvenil al centrarse en las narrativas cronológicas como herramienta de análisis de la experiencia migratoria. A diferencia de los enfoques macroestructurales y estadísticos presentes en estudios como La migración de los jóvenes ecuatorianos a Estados Unidos, de Bustamante y Taco (2024) o Crónicas Migrantes, de OIM y Revista Anfibia (2021), este trabajo destaca la reapropiación que los jóvenes tienen con su trayecto migratorio. Al recuperar voces no mediadas y relatos íntimos producidos por sujetos no profesionalizados en la escritura, se evidencia cómo estas narrativas activan procesos de identidad, agencia y pertenencia que articulan lo personal con lo colectivo. 1.1. Experiencia migrante Migrar no es solo partir, es un proceso fenomenológico y político que se inicia en las prácticas de la vida cotidiana y se despliega en la experiencia de la otredad. Aunque implica un ejercicio de soberanía, la experiencia migrante no se vive en igualdad de condiciones (Grant, 2016, p. 231), pues está atravesada por las fronteras simbólicas y el poder normativo del Estado-nación que la configuran desde posiciones de exclusión y explotación (Bauman, 2020; Yang et al., 2022). Esta exclusión tiene efectos directos en el sentido de pertenencia de los migrantes, pues genera conflictos identitarios que dificultan la construcción de una narrativa propia y los alinea a la representación del discurso hegemónico que los mira como víctimas, refugiados o criminales (Gatwiri, Anderson, 2021). Existen tres conceptualizaciones que Marotta (2023) retoma para fijar a la experiencia migrante como categoría de análisis: la experiencia mediada, la no mediada y la experiencia como extrañeza. La experiencia mediada tiene al lenguaje como sistema de significación que moldea activamente la percepción y la vivencia de la realidad. Así, está atravesada por relaciones de poder y estereotipos que influyen en la forma en que el sujeto interpreta el mundo. Esto se evidencia en testimonios migrantes de detenidos por ICE, que afirman que los agentes, los medios y el gobierno los “tratan como ladrones”, cuando su único “delito es trabajar” (Noticias Telemundo, 2025). Este estereotipo tiene efectos materiales en la construcción identitaria del sujeto migrante. En la experiencia no mediada la comprensión del mundo es directa e inmediata, lo que la hace propensa a invisibilizar procesos políticos e históricos. La vivencia se limita al momento presente y promueve la atomización del sujeto, dificultando la construcción de un “nosotros”. Arianna de Sousa-García (2024), en Atrás queda la tierra, ilustra esta condición al relatar su despido, el allanamiento de su vivienda y su posterior salida de Venezuela: Apenas el presidente cayó en cama nos pidieron la renuncia, y aunque al principio pusimos resistencia, entregamos nuestros puestos pensando que sería algo temporal […] En pocos meses acabaron con el trabajo de años […] Después de eso, mi casa fue allanada dos veces por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional con fusil en mano […] Fueron días de terror, de mucho miedo. Ahí tomé la decisión de dejar el país (p. 73). Sin relato propio, el sujeto queda a disposición de quienes ejercen poder sobre él, sin posibilidad de cuestionar o cuestionarse lo acontecido. En la experiencia como extrañeza, lo familiar se vuelve ajeno y obliga a resignificar la vivencia, abriendo espacio a la reflexión. Lo que antes se daba por sentado se transforma en inesperado y modifica la relación con el mundo, habilitando la crítica y las voces contrahegemónicas. De Ahumada (2024) lo documenta a través de Said Bilal: Soy musulmán, acogido por dos familias católicas que me ayudaron a conocer su comunidad religiosa […] y yo no tenía idea de que podía entrar en una iglesia […] No conocía nada de su religión pero participé en las celebraciones […] Con estas familias sentía como si alguien me cogiera de la mano y me llevara hacia delante. Con ese apoyo, ¡tú te sientes capaz! Mientras estás agobiado, mientras no encuentras la paz, no puedes conseguir nada. (p. 44) La experiencia no se limita a un episodio individual, sino que constituye un proceso más amplio en el que lo desconocido abre la posibilidad de un espacio de integración, de pertenencia, diálogo y resistencia cultural. En suma, las formas en que se configura la experiencia migrante muestran que está mediada por relaciones de poder asimétricas y se enmarcan en un proceso identitario y político. En los jóvenes, estas tensiones se expresan con particular intensidad, marcando sus trayectorias de movilidad y pertenencia. 1.2. Experiencia migrante en jóvenes Los jóvenes representan el 11,3% de la población migrante, es decir 40,9 millones de personas en desplazamiento tienen entre 15 y 24 años (Portal de datos sobre migración, 2025). El estudio de su experiencia comprende tres etapas: motivaciones e influencias previas a la partida; riesgos y vulnerabilidades en el trayecto; y, finalmente, integración en la llegada. Etapa inicial: las motivaciones responden a un entramado social y familiar, como la precariedad laboral y el desempleo juvenil a nivel global —con un índice del 13,6%— o las figuras parentales que condicionan la decisión de emprender ese proyecto (DeBrabander, Venta, 2022; Organización Internacional para las Migraciones, 2014; Martínez, 2000; Rodríguez, 2008; OIT, 2025). Trayecto: riesgos que atentan contra sus derechos fundamentales, como violaciones de derechos humanos, discriminación, hambre e incluso pérdida de la vida, reportado por 39,2% (Gómez, 2024). Esto se intensifican en las mujeres migrantes: según encuestas regionales, el 62% siente inseguridad en su desplazamiento (ACNUR, 2023), mientras que informes internacionales documentan violencia sexual, explotación laboral, trabajo no remunerado y matrimonios forzados (Organización Internacional para las Migraciones, 2014). Tales vulneraciones derivan en procesos de aislamiento y exclusión. Llegada: búsqueda de empleo, educación, bienestar y sentido de pertenencia, así como enfrentamiento a prejuicios sociales. Según el Laboratorio de Percepción Ciudadana y Migración (2025) una de cada tres personas migrantes afirma sentirse discriminada, especialmente en el trabajo. Esta experiencia se acentúa en países como Ecuador, donde el 68% de la población afirma que los migrantes son competidores directos de su empleo (Latinobarómetro, 2023), lo que limita la inserción de migrantes en el mercado laboral. Cabe destacar que el 24,3% de migrantes afirma poseer títulos de tercer nivel, sin embargo, enfrenta condiciones precarias de empleo: contratos temporales (25,4%), sobrecalificación laboral (23,9%) y extensas jornadas laborales —de 50 horas o más a la semana— (28,2%) (Kaplan et al., 2023; INDEC, 2021; INEC Chile, 2020; INEC Ecuador, 2022). Estas condiciones frustran y desilusionan, pues la migración se percibe inicialmente como una vía para alcanzar metas profesionales y mejorar la calidad de vida (Bustamante, Taco, 2024). El resultado es una experiencia deteriorada hasta la ansiedad y depresión leve, que afectan al 23,5% y 21,6%, respectivamente, de los jóvenes en América latina y el Caribe (Bandiera et al., 2023). Superar estas barreras requiere reconocer las competencias, objetivos y fortalezas de los jóvenes migrantes, permitiendo así construir miradas positivas sobre la migración, prevenir prácticas xenofóbicas y fortalecer el sentido de pertenencia en las sociedades de acogida, mejorando el índice de integración navegacional —medida de acceso a servicios y recursos laborales—, actualmente fijado en 0,44%, por debajo de la media de 0,5% establecida por el Inmigrant Policy LAB (Thompson et al., 2019; Martínez, 2000, Laboratorio de Percepción Ciudadana y Migración, 2025). 1.3. Formas narrativas de la experiencia migrante La literatura revisada propone formas narrativas de la experiencia migrante (FNEM) que analizan agencia, pertenencia y resistencia (Dennison, 2021; Shenhav, 2006). Las FNEM incluyen éxodo forzado (Malkki, 1995), superación (Portes, Rumbaut, 2014), transnacional (Levitt, Glick Schiller, 2004), identidad- pertenencia (Hall, 1990), resistencia (De Genova, 2010), y figura de víctima o villano (Bachelete, Paladino, 2023). Estas expresan configuraciones del desplazamiento y sus implicaciones simbólicas. Existen nuevas formas de enunciación que reflejan las condiciones actuales de movilidad: narrativa de agencia limitada (Nada et al., 2023), narrativa de feminización (Mallimaci, 2011), narrativa de transmisión intergeneracional (Di Leo, González., 2019) y narrativa formativa, centrada en aprendizajes interculturales (Martínez-Sánchez, Esteban, 2023). Estas formas narrativas organizan la experiencia migrante y establecen marcos simbólicos desde los cuales los sujetos comprenden su trayecto y lo comunican: sus narrativas transmiten conocimiento, representan selectivamente la realidad y contribuyen a construir identidad política, ideología y cosmovisiones, reconociendo formas parciales de dar sentido a lo complejo (Flyvbjerg, 2006; Dennison, 2021; Shenhav, 2006). La narrativa, como práctica social, refleja la realidad cultural, permitiendo nombrar emociones y comprender relaciones de poder, ideología e identidad en sus distintos contextos (Piovesan, Mira, 2020; De-Sousa-Ferreira, Alonso, 2023). Su impacto es verificable en la esfera política y en la construcción subjetiva de los migrantes, que por medio de la narrativa cuestionan su representación (Dennison, 2021; Hall, 1990). 1.4. Narrativa cronológica en la experiencia migrante Entre las formas narrativas, la cronológica tiene una estructura clave para organizar la experiencia migratoria, pues dispone al relato en una secuencia temporal ordenada y continua que implica sucesión de hechos y causalidad entre ellos (Sternberg, 1990, Encinas, 2022). Además de su estructura formal, su valor radica en su capacidad de organizar emocionalmente el relato de experiencias complejas como las de la migración, pues su estructuración del tiempo, al brindar sentido y continuidad, puede generar un efecto pacificador en quienes atraviesan procesos de desplazamiento (Ritchson et al., 2025; Silverstein, 2012). Esta organización narrativa tiene un efecto pacificador a nivel individual y facilita reconstrucciones simbólicas de la pertenencia y el arraigo. Como afirma Reyes Tovar (2011) “los migrantes llevan consigo la representación simbólica de su territorio” (p. 3). En este sentido, la narración cronológica juega un papel fundamental al recuperar la memoria individual y proyectarla hacia una memoria colectiva (Dejanon, Suárez, 2022), gracias al orden secuencial de los acontecimientos y a la potencia de la palabra, que, en su capacidad de nombrar y reconfigurar lo vivido, transforma la experiencia migratoria en agencia narrativa. A partir de ahí se configura una identidad migrante fuera de los marcos estigmatizantes tradicionalmente impuestos (Thompson et al., 2019). Se trata de una identidad capaz de desafiar, resistir y perturbar las visiones hegemónicas del país de acogida (Marotta, 2023) y permitir a los jóvenes migrantes experimentar el mundo desde un “nosotros” crítico del orden dominante (Schutz, 1976). Desde esta posición de agencia, los jóvenes narran su experiencia con intencionalidad, expresando sus motivaciones, afirmando su voluntad, desarrollando vínculos pragmáticos, empleando estrategias discursivas y protegiendo información valiosa que les permite avanzar en sus proyectos vitales (Thompson et al., 2019). Así, la narración de su experiencia migratoria configura un proceso relacional que incide en la identidad subjetiva y en sus procesos de socialización y reconocimiento en colectivo (Thompson et al., 2019). 2. Método En términos operativos, la narrativa cronológica fue implementada como eje estructurador del proceso metodológico en tres niveles: en el primero, como técnica de producción de datos mediante la elaboración de relatos secuenciales en los talleres; en el segundo, como criterio de análisis al identificar la organización temporal (inicio, quiebre migratorio, adaptación y proyección); y, por último, en el tercer nivel se incluyó como unidad de interpretación, al vincular las secuencias de eventos con categorías analíticas destacando identidad, agencia y pertenencia (Hammersley, Atkinson,1994). 2.1. Participantes Participaron en total 51 personas seleccionadas por conveniencia (Otzen, Manterola, 2017), distribuidas en 28 hombres y 23 mujeres. La cohorte se concentró principalmente en participantes de 18 años (31,4%), 19 años (21,6) y 24 años (19,6%), mientras que los grupos de 20, 21 y 23 representaron el 27,4% restante. En cuanto a nacionalidad predominó la nacionalidad ecuatoriana con migrantes internos (80,4%), seguida por participantes venezolanos (11,6%) y colombianos (3,9%), además de una participante chilena y un estadounidense (2% cada uno). Finalmente, la diversidad de sus trayectorias registró 12 desplazamientos dentro de la región Sierra; 11 de Costa a Sierra; 4 de Sierra a Costa; 4 dentro de región Costa; y 1 de Amazonía a Sierra. A nivel internacional se contabilizaron 4 trayectorias transfronterizas y 10 procedencias de países como Venezuela, Chile y Colombia. Además, se reportaron 4 casos que no establecen precisamente el punto de origen y 1 caso que involucró múltiples desplazamientos antes del asentamiento definitivo. 2.2. Instrumento Se triangularon las siguientes herramientas de recolección de datos: técnica Delphi, para asegurar pertinencia y relevancia del contenido de los talleres a través de la consulta anónima, aplicada en múltiples rondas de opinión de expertos para generar consensos informados (Ramírez, Ramírez, 2024); talleres de crónica narrativa, como lugares de participación, comunicación y producción de objetos, hechos y conocimiento (González, 1999); y, finalmente, encuestas de autopercepción como instrumento de exploración y descripción de características de una muestra representativa de caso (García Ferrando, 1993). 2.3. Procedimiento En primer lugar, se aplicó la técnica Delphi en dos rondas, con 10 expertos en comunicación, periodismo, migración e investigación. La idoneidad de los especialistas se estableció mediante el coeficiente de conocimiento (Ka), que pondera la experiencia profesional, conocimiento del estado del arte, intuición sobre el tema y producción académica (García- Ruiz y Lena-Acebo 2018). Se obtuvo un valor promedio de 0,905. La primera ronda (desarrollada entre el 3 y 7 de junio de 2025) consistió en un cuestionario abierto orientado a identificar formas narrativas pertinentes, características deseables, elementos esenciales, beneficios, obstáculos y condiciones para que los jóvenes relaten su experiencia. Las respuestas se depuraron y codificaron mediante análisis de contenido, siguiendo la propuesta de Reguant- Álvarez (2016). La segunda ronda (aplicada entre el 12 y 14 de junio de 2025) utilizó un cuestionario cerrado tipo Likert (1-5) que pedía valorar la pertinencia de los ítems depurados. Se adoptó como criterio de consenso una media ! 3,50 (Rodríguez et al., 2020), superada por los coeficientes de la Tabla 1. Estos coeficientes corresponden a las medias obtenidas en la escala Likert y expresan el nivel de consenso entre expertos en la segunda ronda Delphi. Dado que cada dimensión evaluada incluía múltiples ítems, la Tabla 1 presenta únicamente el ítem mejor valorado en cada categoría, con el fin de identificar los criterios prioritarios definidos por el panel. Bajo el contexto metodológico, estos resultados permitieron jerarquizar los componentes narrativos y orientar tanto el diseño de los talleres como la construcción de la matriz de análisis (Lino-Calle, 2024). Tabla 1: Consenso de la segunda ronda Delphi. Ítems prioritarios y medias obtenidas Nota: Se presenta el ítem mejor valorado en cada pregunta, todos superan el umbral de consenso. Como se observa, los mayores niveles de consenso se concentran en los vínculos significativos (M = 4,60) y las emociones bloqueantes (M = 4,60), lo que evidencia la centralidad de los factores relacionales y emocionales en la construcción de las narrativas migrantes. Del mismo modo, la narrativa como memoria social (M = 4,40) y la implementación de talleres presenciales (M = 4,50) refuerzan la dimensión colectiva y pedagógica del proceso. Estos resultados justifican la selección de la crónica como forma narrativa predominante y la incorporación de elementos emocionales, estructurales y contextuales en el diseño metodológico del estudio. La segunda herramienta correspondió a los talleres narrativos aplicados a 51 jóvenes migrantes entre 18 y 24 años de edad. Estos se realizaron en dos sesiones —9 y 10 de julio— en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, y una tercera sesión en la librería Ulysses & Co. —19 de julio de 2025—. Estas sesiones se organizaron en tres ejes pedagógicos: 1) experiencia migrante como práctica social, que trabajó la decisión de movilización; 2) identidad y agencia, trabajadas con ejercicios de autopercepción; 3) formas narrativas de la migración, abordando estereotipos y estructura cronológica, para el producto narrativo. Los productos fueron analizados mediante una matriz conceptual basada en memoria episódica y estructura narrativa (Wheeler, 2000); experiencia migrante (Marotta, 2023); identidad cultural (Castillo, 2023); y agencia narrativa (Rodríguez, 2020). Tabla 2: Matriz basada en conceptos e indicadores para el análisis de narrativas migrantesonsenso de la segunda ronda Delphi. Fuente: Elaboración propia a partir de Castillo (2023), Díaz (1999), Granda (2022), Marotta (2023), Molano (2007), Rodríguez (2020), Schutz (1976), Verd (2006) y Wheeler (2000). Posteriormente, se efectuó una validación de expertos abreviada con cinco especialistas en migración, narrativa y educación intercultural —entre el 29 de junio y el 3 de julio de 2025—; empleando el formato de la Universidad Adventista de Chile (2018) que consiste en un dossier único de la síntesis del proyecto y el cuestionario a validar. Cada experto calificó adecuación y pertinencia en una escala de 6 puntos, cuyas medias se ubicaron entre 5.5 y 5.8, confirmando la validez del instrumento y permitiendo generar el cuestionario final. Como cuarta herramienta se aplicó una prueba piloto a 59 estudiantes de la PUCE con características equivalentes a la muestra objetivo (el 04 de julio de 2025). La consistencia interna analizada con Jamovi alcanzó un alfa de Cronbach de 0,991, lo que confirmó su fiabilidad. Finalmente, se aplicó la encuesta definitiva a los jóvenes migrantes inmediatamente después de su asistencia al taller. La encuesta constó de 16 ítems Likert (1-5) distribuidos en cuatro bloques temáticos. Sus resultados presentaron medias ubicadas entre 3.64 y 3.94, lo cual reflejó percepciones positivas sobre el impacto del proceso narrativo en su identidad, agencia y pertenencia. 3. Resultados Los resultados que se presentan a continuación provienen de la revisión de las narrativas cronológicas producidas por 51 jóvenes migrantes. Para facilitar la exposición, los hallazgos se organizan en función de los tres objetivos específicos de la investigación. 3.1 Narrativas cronológicas utilizadas por los jóvenes migrantes para relatar sus experiencias de desplazamiento y adaptación. Los hallazgos muestran que las narrativas producidas por los jóvenes migrantes se organizan principalmente como Narrativas Cronológicas Completas (NCC: 66,7%), caracterizadas por una secuencia lineal de inicio, desarrollo y cierre reflexivo. Asimismo, más de la mitad de los relatos expresan la Experiencia como extrañeza (ECM: 56,9%), donde el desplazamiento irrumpe en la cotidianeidad y obliga a reconstruir sentidos y prácticas previas. Tabla 3: Frecuencias en las narrativas migrantes según la matriz de análisis de las crónicas Nota. NCC: Narrativa Cronológica Completa; ND: Narrativa Discontinua; NA: Narrativa Abierta; NF: Narrativa Fragmentada; EM: Experiencia mediada; ENM: Experiencia no mediada; ECM: Experiencia como extrañeza; EV: Evocación de símbolos o memorias colectivas; AU: Ausencia de referentes identitarios; CNA: Construcción de narrativa autónoma; AUA: Ausencia de agencia. Fuente: Elaboración propia. Esta relación entre narrativa y experiencia se observa también en los motivos y tipos de movilidad. Aunque la búsqueda de una mejor calidad de vida constituye el motivo predominante (68,6%), todos los migrantes de origen extranjero (n=10) (venezolanos, colombianas, chilena y estadounidense) lo asociaron con la mejora de las condiciones de vida, mientras que entre los migrantes internos ecuatorianos este motivo fue mencionado por 26 participantes. En contraste, la búsqueda de acceso a estudios universitarios aparece únicamente entre 15 de los migrantes internos (31,3%), lo que sugiere que los procesos de movilidad dentro del país también responden a la mejora de necesidades económicas y sociales de la movilidad transnacional. Es necesario recalcar que las motivaciones iniciales del desplazamiento condicionarán la forma en que los jóvenes interpretan y reconstruyen posteriormente su experiencia migratoria. Figura 1: Relación entre tipo de migración y motivo principal del desplazamiento. Nota: La figura muestra la distribución de motivos de migración según el tipo de desplazamiento. Mientras la “mejora de la calidad de vida” predomina en ambos grupos, la búsqueda de acceso a estudios superiores adquiere mayor relevancia entre los migrantes internos. Fuente: Elaboración propia. La experiencia de María Narváez, migrante interna del Ecuador que viajó del Carchi a Ibarra por motivos de estudio, ilustra cómo la escritura narrativa permite articular coherentemente el proceso de desplazamiento: “Empecé a escribir, a poner en palabras ese torbellino de emociones. El papel se volvió mi confidente, el lugar donde podía reconstruir mi historia, la de El Ángel y la de esta nueva Ibarra”. Esa coherencia narrativa le permite mirar retrospectivamente y reflexionar sobre su identidad actual: Ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que este viaje de El Ángel a Ibarra ha sido mucho más que un cambio de dirección geográfica; ha sido una travesía hacia mí misma. La escritura, que al principio fue un desahogo, se ha transformado en mi brújula. Danna Burbano ilustra la tensión entre lo cotidiano y ajeno en su narrativa cronológica: “El acento de mi voz sonó extraño entre los demás, y las miradas lo confirmaron: no pertenecía”. Mientras el desplazamiento la obliga a preguntarse por su identidad, el dibujo y la familia le permiten articularla: “En medio de la lucha, la familia fue resistencia y abrigo […] Mi cuaderno, con dibujos de manglares, era lo único que me conectaba con mi historia”. Se identificaron narrativas menos frecuentes que muestran dificultades iniciales para organizar el relato. En el plano estructural: la Narrativa Fragmentada (NF: 23,5%), caracterizada por interrupciones en la linealidad temporal; la Narrativa Discontinua (ND: 7,8), con inicio y cierre, pero sin desarrollo; y la Narrativa Abierta (NA: 2,0%), detallando origen y trayecto sin reflexión final. En la dimensión experiencial se identificó una tendencia a enumerar episodios de manera inconexa y sin reflexión, expresado en la Experiencia no mediada (ENM: 31, 4%), centrada en descripción directa de hechos, y en la Experiencia mediada (EM: 11,8%), articulada en marcos simbólicos estigmatizantes. Los resultados coinciden con la estructura formal de Silverstein que destaca la organización de un relato coherentemente para comprender los cambios vividos en contextos de estrés económico y político, y lo planteado por Dejanon y Suárez respecto a la organización secuencial de los acontecimientos para revelar estigmas, disputar imaginarios hegemónicos y reapropiarse críticamente de la imaginería dominante. En conjunto, los resultados evidencian que, aunque la mayoría de los relatos se organiza de manera lineal, la experiencia migratoria no es homogénea y depende de factores contextuales. Del mismo modo, se evidencia que la narrativa cronológica, al estructurarse en secuencias temporales lineales, permite gestionar las dimensiones emocionales del desplazamiento y favorece a los procesos de cuestionamiento y reflexión sobre las propias prácticas y las del entorno. 3.2 Efecto de las narrativas en la reconstrucción de la identidad personal y colectiva de los migrantes. Los resultados muestran que las narrativas de los jóvenes migrantes revelan tensiones identitarias. En la dimensión de Identidad cultural, la mayoría recurrió a la Evocación de símbolos o memorias colectivas (EV: 56,9%), incluyendo referencias a recuerdos familiares previos a la migración. En contraste, 43,1% de los participantes evidenciaron ausencia de referentes identitarios (AU), caracterizada por la falta de mención de vínculos simbólicos. Dentro de la dimensión de Agencia, predominó la Construcción de Narrativa Autónoma (CNA: 80,4%), caracterizada por presentar una voz activa y protagónica, donde los participantes se representaron a sí mismos tomando decisiones, realizando acciones concretas o expresando sus opiniones y reflexiones personales sobre los eventos migratorios que experimentaron. Figura 2: Relación entre tipo de migración y motivo principal del desplazamiento. Nota: EV: Evocación de símbolos o memorias colectivas; AU: Ausencia de referentes identitarios; CNA: Construcción narrativa autónoma; AUA: Ausencia de agencia. Fuente: Elaboración propia. La relación entre identidad cultural y agencia también se expresa en las dificultades de integración. En efecto, 56,5% de las mujeres de este estudio mencionaron a las diferencias culturales como una dificultad para su integración (el clima, el lenguaje o la gastronomía); 28,5% de hombres aludieron a la soledad y 10,7% a las desigualdades sociales. Únicamente 4,3% de mujeres apuntaron a la discriminación. Figura 3: Dificultades de integración por género. Nota: Desig: Desgualdades Sociales; Dif.cult: Diferencias culturales; Discr: Discriminación. Fuente: Elaboración propia. Erick Caisachana, esmeraldeño, ilustra de la siguiente manera la pertenencia a otros modos de vida como un obstáculo para la integración: “[…] en el colegio, muchas veces se burlaban de mi acento [,] por lo cual aprendí a controlarlo [, dejé] de hablar rápido y me acostumbré a hablar lento para ser entendido”. De forma complementaria, entre los jóvenes que evidenciaron AU, el 63,6% desarrolló CNA. El 50% recurrió a redes familiares o pares migrantes; la otra mitad lo hizo desde perspectivas individuales, sustentadas en rendimiento, utilidad y productividad. Shirley Santana lo ilustra así: El cambio ha sido duro, pero también me ha hecho más fuerte y responsable. Para seguir adelante, me enfoco en mis metas, mantengo actitud positiva y no me rindo […] Migrar implica retos y salir de la zona de confort, pero también es una muestra de valentía y determinación para buscar un mejor futuro. Por otro lado, Anyenis Azuaje, venezolana, dice: Entonces ¿qué hago con mi puta vida? Si no me dan empleo por ser extranjera, si no tengo 20 años de experiencia y 20 años de vida, si no puedo estudiar porque es difícil ingresar a la pública y a la privada demasiado costoso, si no me dan la oportunidad de ser, nadie me escucha y nadie me apoya. Estos resultados matizan los estudios de Piovesan y Mira o de De-Souza- Ferreira y Alonso que afirman que la narrativa, como práctica social, refleja la realidad cultural y permite comprender las relaciones de poder, ideología e identidad en el desplazamiento. Los hallazgos evidencian una comprensión limitada de dichas relaciones, determinada por la prioridad de supervivencia que se impone sobre la construcción de un sentido de pertenencia del joven migrante. A pesar de estas tensiones, los hallazgos afirman el potencial de la narrativa en la reconstrucción de la identidad personal y colectiva. El recuerdo de la familia y amigos son referencias clave de la identidad migrante, manifestada en la consciencia de las costumbres, valores y creencias y fortalecida en el reconocimiento del grupo social. 3.3 Percepción del sentido de pertenencia expresada a través de estas narrativas durante el proceso migratorio. El análisis de percepción aplicado al finalizar los talleres muestra que la narrativa cronológica operó como dispositivo de reflexión identitaria y vinculación colectiva. Se interpretó agrupando los ítems del cuestionario en cuatro dimensiones analíticas: competencias narrativas, autoconocimiento, agencia y sentido de pertenencia, cuyos promedios se situaron de forma consistente alrededor de 4 (en una escala tipo Likert de 1 a 5), indicando una valoración generalmente positiva del proceso Tabla 3: Respuestas de asistentes al taller de narrativa cronológica en la encuesta de percepción. Fuente: Elaboración propia. En la dimensión de competencias narrativas (M: 3,892), los participantes señalaron mejoras en su capacidad de estructurar relatos y comunicar sus historias. El autoconocimiento (M: 3,824) reveló beneficios en procesos de reflexión, recuperando aspectos identitarios. La agencia (M: 3,927) evidenció la escritura como espacio para reafirmar la capacidad de decisión. Y el sentido de pertenencia (M: 3,819) reflejó fortalecimiento con la comunidad migrante gracias a la narración y socialización de las historias. Para Genesis Lomas, lojana, la escritura le permitió reconocer en los otros fragmentos de su propia historia: En 2023, a los 18 años, decidí mudarme de Loja a Quito. Aunque seguía dentro de Ecuador, sentí que cruzaba una frontera emocional importante […] Como muchos migrantes, enfrenté miradas que juzgaban mi acento, la invisibilidad y la necesidad de adaptarme a nuevas formas de hablar y actuar. […] Con el tiempo, escuchar historias de compañeros de Esmeraldas, Manabí y Pastaza me hizo entender que migrar no es solo cambiar de lugar, sino reconstruirse. Contar y escuchar nuestras historias se volvió una forma de cuidarnos y sostenernos. Debido a la narrativa, Luciano Zambrano, pedernalense, reinterpretó su desplazamiento y tomó posición activa frente a su experiencia migratoria: Al narrar mi experiencia de vivir desde Pedernales hasta Jama, descubrí que no solo cambié de lugar, sino también de mirada. La escritura me ayudó a entender cómo el paisaje, los sonidos del mar y el viento del norte, fueron moldeando una nueva versión de mí. Comprendí que el acto de contar lo vivido no solo me permitió darle sentido a lo perdido, sino también encontrar voces similares en otros que también migraron. Los jóvenes confirman que, mientras mayor era el nivel de introspección de su historia, mayor era la percepción de integración a la comunidad. Quienes manifestaron agencia activa reportaron un sentido consolidado de pertenencia. Esto sugiere que la escritura actúa como un dispositivo de integración identitaria, donde la reflexión personal y la acción se traducen en vínculos sociales y afectivos con la familia, los amigos y otros migrantes. A pesar de los promedios elevados, no todos los participantes conectaron con aspectos olvidados (M: 3,745), ni percibieron valor de su relato para los demás (M: 3,784). Esto indica que los procesos de reconstrucción identitaria no se consolidan inmediatamente, sobre todo cuando el desplazamiento ha debilitado los referentes simbólicos previos. Figura 4: Comparación por género de las percepciones en las dimensiones narrativas, identitarias, y de agencia. Fuente: Elaboración propia. Los hallazgos respaldan investigaciones como las de Thompson o Reyes Tovar, que señalan que la narrativa de la experiencia migratoria funciona como un proceso relacional que impacta tanto en la configuración de la identidad subjetiva como en las formas de socialización y reconocimiento colectivo. La narración de la experiencia individual construye memoria colectiva cuando otros migrantes reconocen los desafíos compartidos del desplazamiento y comprenden que su experiencia no es aislada. 4. Discusión El presente estudio aporta al campo de la migración juvenil analizando cómo la narrativa cronológica permite construir el sentido de experiencia migrante. Teóricamente, integra los enfoques sobre pertenencia e identidad junto con las categorías que relevan las asimetrías de poder en la experiencia migratoria (Gatwiri, Anderson, 2021; Marotta, 2023). Asimismo, retoma aportes sobre narrativa migrante que conciben la escritura como un espacio de reflexión y de organización emocional del desplazamiento (Dennison, 2021; Silverstein, 2012). Para ello, se implementó una metodología etnográfica-mixta, triangulando talleres de escritura con 51 jóvenes (de entre 18-24 años), la Técnica Delphi y encuestas de autopercepción. Esto permitió analizar prácticas culturales mediante la integración de observación situada (propia de la etnografía) y herramientas cuantitativas (Hammersley, Atkinson, 1994). Los resultados demostraron que la narrativa cronológica opera como dispositivo de sentido mediante el cual jóvenes migrantes procesan su experiencia migratoria, con sus dimensiones traumáticas, sociales y políticas, y la estructuran coherentemente. El ejercicio narrativo revela cómo identidad, pertenencia y agencia se reconfiguran críticamente al reconstruir los desplazamientos y reconocer las asimetrías de poder que estructuran su experiencia (Grant, 2016). El predominio de las NCC (66,7%) confirma la tendencia a ordenar las trayectorias, mientras que la ECM (56,9%) evidenció que la extrañeza de lo cotidiano impulsa la reflexión crítica (Marotta, 2023). Respecto al segundo objetivo, se observó que la narrativa contribuye a reconstruir la identidad personal y colectiva, articulada entre lo individual y lo colectivo, sostenida por la memoria familiar, amistades y prácticas rituales del desplazamiento. Los resultados revelan que la dificultad para sostener vínculos culturales, reflejada en AU (43,1%), y EV (56,9%), se superan por organización cronológica del relato y que, al culminar en una reflexión, la estructura narrativa explora referentes identitarios y proyecta agencia activa, resignificando la experiencia migratoria. En cuanto al tercer objetivo, se identificó que el sentido de pertenencia emerge incluso en contextos de vulnerabilidad y discriminación. Los jóvenes desarrollaron predominantemente CNA, reapropiándose de su experiencia y posicionándose activamente frente al entorno o proyectándose hacia el futuro. Esta agencia narrativa consolida la identidad migrante al articular un relato propio que cuestiona las interpretaciones hegemónicas. Los resultados de la encuesta confirman este proceso. Individualmente, la escritura facilitó el autoconocimiento (M: 3,922), explorando aspectos silenciados (M: 3,745) o antes considerados irrelevantes (M: 3,804), lo que permite valorar su historia y experiencias (M: 3,961). Colectivamente, la narrativa operó como práctica relacional (M: 3,882), redujo el sentimiento de soledad (M: 3,804) y fortaleció la conexión con la comunidad (M: 3,804). En su conjunto, los hallazgos determinan que la narrativa cronológica habilita la revisión del desplazamiento, reconstruye lo vivido y resignifica la trayectoria. Al reordenar los acontecimientos, la experiencia deja de ser un hecho pasivo para convertirse en agencia, entendida como capacidad de acción frente a las limitaciones y los marcos estigmatizantes. Esta agencia narrativa favorece la expresión de motivaciones, afirmación de voluntad y fortalecimiento de vínculos pragmáticos y afectivos, lo que permite consolidar proyectos vitales, identidad y un sentido de pertenencia. No obstante, este estudio presenta algunas limitaciones. Primero, el tamaño y perfil de la muestra restringen la posibilidad de generalizar los hallazgos a otras poblaciones juveniles migrantes. Segundo, la intervención basada en talleres de escritura introduce dos desafíos metodológicos: una disposición previa hacia la narrativa y la expectativa de un incentivo material, priorizando la finalización de la actividad sobre la profundidad del proceso reflexivo. Finalmente, el diseño captó el impacto inmediato del ejercicio narrativo, pero no su sostenibilidad ni impacto a largo plazo en cuanto identidad y pertenencia. A partir de estos hallazgos y limitaciones, se abren diversas líneas de investigación: ampliación del rango etario —con el fin de analizar cómo opera la narrativa cronológica en distintas etapas del ciclo vital migrante—; desarrollo de estudios a largo plazo —para evaluar permanencia o transformación de sentidos de pertenencia construidos mediante la escritura—; y problematización del asistencialismo como limitación metodología y síntoma de precariedad estructural en la vida migrante. En suma, este estudio aporta al entendimiento teórico y práctico de la experiencia migrante, evidenciando que la narrativa cronológica se constituye como herramienta para habitar el desplazamiento al articular memoria, palabra y tiempo. La reconstrucción del trayecto resignifica los vínculos de pertenencia y confronta las representaciones estigmatizantes que condicionan su movilidad. Así, este proceso transforma la experiencia migrante en ejercicio de afirmación identitaria ante las estructuras sociales, culturales y políticas que delimitan su libertad y participación. Referencias bibliográficas Agencia de la ONU para los refugiados. (2023). Estudio regional: Nuestro derecho a la seguridad. ACNUR. Bachelet, S. y Paladino, M. (2023). Être vraiment vrai: truth, in/visibility and migration in Morocco. Identities, 31(3), 313–332. https://doi.org/10.1080/1070289X.2023.2233857 Bandiera, A., Loschmann, C., Luzes, M., Rivera-Rivera, A. y Van Der Werf, C. (2023). 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